Familia

En enero del año 2000 me fui de viaje al sur. En un campamento, a orillas del lago Mascardi (cerca de Bariloche), conocí a una familia sumamente peculiar.

Olvidé el nombre de la mujer, pero recuerdo que el marido se llamaba Charly y las tres hijas (eran de ella, no de el) se llamaban Ginger, Gretel y Glenda. Habían venido de Rosario haciendo dedo, los cinco. Allá trabajaban vendiendo porquerías en los semáforos. Eran pobres cultos: fanáticos de Leo Maslíah, progres, simpáticos. Charly era el alma de los fogones, tocaba la guitarra aceptablemente y hacía un asado muy rico.

La primera impresión fue de simpatía hacia ellos. Me parecía loable que, sin tener un mango, tuvieran la voluntad de viajar, de conocer lugares nuevos, gente nueva. Las tres nenas (tendrían entre 11 y 5 años) eran muy despiertas, y yo atribuí eso al espíritu inquieto de sus padres.

Algunos amigos míos que estaban ahí, pensaban lo contrario. Les parecía una irresponsabilidad que viajaran a dedo con tres nenas, que eran unos chantas que pasaban por la vida dando lástima con tres criaturas para no pagar la noche de camping, que el Charly ese era un inútil que lo único que sabía hacer era tocar la guitarra mediocremente en los fogones.

Estuvimos con ellos más o menos tres días, y la teoría de mis amigos fue tomando cuerpo y la terminé aceptando. Me seguían cayendo simpáticos, pero ya se notaba que a las nenas muy bien no las trataban, y que la pobreza no es una virtud.

Nos despedimos y no los volví a ver hasta una madrugada de hace unos meses, haciendo zapping. En TN, el locutor presentó una noticia de color, esas típicas noticias no muy interesantes, aptas sólo para una madrugada en la que no pasa nada y hay que llenar minutos de informativo.

“Una familia argentina viaja en bicicleta por Sudamérica” era el título. Corte, y aparece Charly, idéntico, hablando maravillas de la solidaridad latinoamericana, de que se fueron para darles un futuro mejor a sus hijas, de que ahí en Venezuela viven gracias a la ayuda de la gente, etc, etc.

Largué una carcajada, confirmé la hipótesis de mis amigos, pero en un punto oscuro del corazón me regocijé por ellos y les deseé suerte.

Me encantaría saber dónde están ahora.

De música ligera

Ya dije por acá que yo duermo con la tele clavada en TN. El otro día me dormí escuchando CQC y a eso de las 2 de la mañana me desperté por la música molesta de la señal de ajuste del 13.

Cambié a TN y la música de Nelson Castro me arrulló y me dormí como un bebé.