1935-1978

Quedó inmortalizado como Fredo Corleone, el hermano débil.

En la fiesta de fin del año ’59, en La Habana, mientras Castro y Guevara preparan la toma del poder, Michael descubre su traición, le da un beso de odio en la frente y le dice: “You broke my heart”.

En el velorio de Mamá Corleone, Connie le dice a Michael que por favor reciba a Fredo. “He’s so sweet and helpless without you”, dice, describiéndolo a la perfección. Michael lo abraza y después entra al Infierno, insalvable, mandándolo a matar en el lago de Nevada. Fredo cae al agua y se le ahoga el Ave María.

Pero también fue Stan, el ayudante de Gene Hackman en La conversación. Y Sal, el extraño socio de Al Pacino en el asalto al banco de Tarde de perros.

De novio con Meryl Streep, muriéndose de cáncer, interpretó a Stanley en El francotirador, el amigo que zafó de Vietnam.

Cinco películas perfectas y así John Cazale se despidió, cantando God bless America, hace veinticinco años.

Grito

Dos disparos y todos al suelo. Vincent le acierta al asesino disfrazado de cura y Michael se agarra la herida en el hombro. Cuando todo parece calmo, recién entonces vemos que el segundo disparo le dio a Mary justo en el medio del pecho. Sólo atina a caer de rodillas y decir “papi”, con una mirada de interrogación.

Todos lloran, Kay la abraza, Connie se cubre con el velo, el Padre Andrew Hagen reza en voz baja, Vincent maldice al cielo, y Michael grita. Un grito largo y sordo que se remonta a principios de siglo, al asesinato de un pobre tipo que no quiso humillarse ante Don Ciccio. El grito definitivo y seco que une a la de Mary las muertes violentas de Apolonia, de Santino, de Fredo, de Carlo. Es un grito silencioso que simboliza todo lo inexorable.

Es, sin ningún lugar a dudas, el mejor grito de la historia del cine. Y, probablemente, la última gran escena de Hollywood.