Cuando tenía trece años leí Apocalípsis durante unas vacaciones en Florianópolis, y de ese febrero del ’91 recuerdo dos cosas con mucho agrado: el placer incomparable por la lectura de ese ladrillo que eran las mil quinientas páginas de la novela de Stephen King y las ínfimas tanguitas que usaban las chicas en la playa (incluso las de mi edad).
Publicada originalmente en 1978 y reeditada en 1990 con agregados y modificaciones (esta es la versión que yo leí), Apocalípsis cuenta cómo una mutación del virus de la gripe se extiende por el mundo y acaba con más del 99% de la población.
Aprovechen a leerla antes de que la gripe porcina llegue a nuestro país y después me dicen con quién están soñando: si con Mamá Abagail o con Randall Flagg.