Hoy recibí dos señales de algo que no sé muy bien qué es.
Primero, volviendo de la casa de un amigo que vive en Caseros, a tres cuadras de la Gral. Paz. Se ve que agarré para el otro lado, y de golpe me encontré perdido en la bella y agradable Provincia de Buenos Aires. De noche, dando vueltas con un auto, sin saber para donde agarrar, en provincia. Empecé a paranoiquearme como un idiota.
Paré y le pregunté a un viejo que parecía un obrero que estaba yendo a la fábrica (toda una novedad, no sabía que seguía existiendo esa clase social) para dónde quedaba la Gral. Paz. Me indicó y yo me mandé para ahí. Empiezo a bordearla y me doy cuenta de que para cruzarla, tengo que pasar por un control policial. Y si bien yo estaba limpio como un bebé, en cuerpo y alma, me dio miedo pegar el volantazo para doblar, que me paren, tener que buscar la cédula verde… no sé, mi instinto me ordenó seguir de largo.
Me volví a meter y me volví a perder. Otra vez se me había escapado la Gral. Paz y yo seguía en provincia. Doy un par de vueltas y veo a un policía en la esquina. Decido cambiar drásticamente de táctica y preguntarle a él.
Yo: -Disculpe, ¿para dónde está la Gral. Paz?
Policía: -¿Para qué lado querés ir?
Yo: -Para Villa Urquiza. Sería la bajada de Av. del Tejar, ahí donde está el Parque Sarmiento.
Policía (piensa un poco): -Llevame hasta Saenz Peña que te indico.
Bueno, no sé si esta última línea fue dicha por el policía en modo imperativo. Quizás me dijo “¿Me llevás hasta Saenz Peña y yo te indico?”, pero mi cerebro traduce al imperativo todos los verbos dichos por alguien que tiene un arma.
Dudé un poco, hasta que la pausa se hizo demasiado evidente y dije “Bueno”, tratando de sonar natural.
Destrabé la puerta, la abrí, el policía se sacó la gorra, se subió y cerró.
Policía: -Uy, qué lindo que está acá.
El aire acondicionado.
Empezó a darme indicaciones, doblá para allá, en esa a la izquierda, cruzá las vías. Me paré en un semáforo y me dijo “Seguí, seguí. No te hagás problema”, y crucé en rojo. Yo seguía sin saber dónde estaba y empecé a asustarme. Había subido a un desconocido con un arma a mi auto. Bueno, pero es un policía. ¿Y eso qué tiene que ver? En fin, no estaba seguro de haber tomado una buena decisión.
Policía: -¿Te perdiste?
Yo: -Si, venía de la casa de un amigo y me perdí.
Policía: -¿Y por qué parte de Villa Urquiza vivís?
No sabía si me estaba interrogando, si me quería dar charla, si le incomodaba el silencio o si me quería desvalijar la casa. Traté de ser lo más vago posible: “A dos cuadras del Parque Sarmiento”, dije.
Seguimos dando vueltas, hasta que me impacienté y le pregunté: “Pero, ¿para dónde está la Gral. Paz?”.
Policía: -Ahora te indico.
¿Por qué no me dice “para allá”? ¿Dónde mierda es Sáenz Peña?
Finalmente, en una esquina al azar, el tipo me dijo: “Dejame acá”. Se bajó y a través de la ventana abierta me indicó el camino a casa.
Era un policía bueno, la primera señal fue ese policía bueno, a quien di un aventón una noche de enero.
La segunda señal me llegó apenas llegué a casa y chequeé mail. Un amigo me había reenviado una invitación muy exclusiva, interesante y bizarra. La copio acá, sin las partes confidenciales:
“Sr. Visionador:
El Círculo de Visionado de Cine Policial Argentino tiene el agrado de invitar a ud. a la ceremonia en conmemoración del primer año de vida de ésta entidad.
El ágape en cuestión tendrá lugar el día XXXX del corriente mes y año, en las instalaciones del Salón de Fiestas “Camila Perissé”, sito en XXXX, Capital Federal.
La citación es a las 21:30, cuando luego de unas breves palabras se procederá a visionar el film “Las Barras Bravas” del gran Enrique Carreras.
La noche continuará luego con la ingesta de pizzas y bebidas para realzar el espíritu festivo de la velada.
La ceremonia se completará con la proyección de un breve video preparado para la ocasión, para luego dar rienda suelta a nuestro impulsos festivos.
Por ser ésta una ocasión especial, abriremos las puertas a personas ajenas a nuestra entidad, para lo cual cada uno de nosotros podrá reenviar este mail a quien lo crea conveniente, contando desde ya con vuestra mesura, cordura y buen tino a la hora de invitar.
Al finalizar la velada brindaremos y entonaremos las estrofas del Himno Nacional.
Notifíquese y archívese”
Esas fueron las dos señales. Primero, llevo en el auto a un policía bonaerense bonachón; después, me invitan a ver “Las barras bravas”, de Enrique Carreras.
¿Me estaré volviendo fascista?