El año pasado hice una cobertura del BAFICI muy sui generis (sin pretensiones, arbitraria y algo desganada), de la que me arrepentí a mitad de camino. Como me caracterizo por no aprender de mis errores, este año la voy a repetir.
Llegué al Teatro 25 de Mayo a eso de las ocho de la noche. Además de los comodines de todo festival (Mercedes Morán, Graciela Borges, Virginia Innocenti), estaba ¡el hijo de Tusam! También pude ver de cerca a Gabriela Michetti, cuya silla de ruedas era empujada por la hija de Mauricio Macri. En la ceremonia no habló Michetti. ¿Sería porque el escenario no tiene rampas para discapacitados? Suponemos que no.
La película de apertura era Gigante, del argentino radicado en Montevideo Adrián Biniez, que venía con todo el ruido de ganar nada menos que tres premios importantes en el Festival de Berlín. De la misma productora que 25 watts y Whisky (Control-Z, muy buen nombre y muy nerd), Gigante comparte con ellas el humor parsimonioso, el pajueranismo tan adorable y uruguayo que a mí me encanta.
El protagonista excluyente es Jara, un grandote bonachón y metalero que trabaja como guardia en un supermercado y como patovica en un boliche (un patovica que no pega trompadas, sino que las recibe). Tiene una hermana y un sobrino con el que juega al fútbol en la Playstation. Y también tiene un amor idílico: Julia, una joven empleada de limpieza del supermercado, a quien descubre mediante las cámaras de seguridad, y a quien empieza a seguir por la ciudad.
Gigante es una comedia romántica, no tan cómica y no tan romántica, pero comedia romántica al fin. Chico conoce chica. Pero el chico no le habla a la chica en toda la película, y a la chica ni le escuchamos la voz.
Quizás sea injusto medirla con la vara de la genial Whisky, con la que, en los hechos, sólo comparte nacionalidad y productora (ni guión, ni director, ni actores). Pero es imposible no hacerlo. Entonces va a perder, pero porque Whisky es una obra maestra.
Terminó la película y se largó la comilona. Apenas dos barras de Iguana para una legión de sedientos, y una terraza fantástica donde algunos aprovecharon para fumar porro (eso me pareció, yo de esas cosas no entiendo).
Del resto mucho no me acuerdo, solamente que volví en un auto con varios periodistas y una productora que nos contó un chisme que voy a transformar en enigmático: joven directora muy moderna y muy lesbiana fue inseminada por amigo gay para tener un hijo con su pareja. Le pusieron Furio.
Pobre pibe. Estoy a favor de que los gays puedan tener hijos, pero si ven las películas de esta chica (alguna muy buena), van a entender lo que digo.
Para una primera entrada, muy poco interesante. A no preocuparse: si todo sale bien, mañana veo siete películas. No creo que ocurra pero tampoco sería tan raro para un primer día. Eso sí, ahora voy a ver Lost.

