La pequeña Leti, por El Cuarteto de Nos (letra)
Canción de cuna marginal, por Leo Maslíah (letra)
Como la luz de tus ojos, por Los Que Iban Cantando (letra)
Siempre traté de mantenerme alejado de las discusiones que se vinieron dando últimamente en diversos blogs, sobre todo porque desconfío de la posibilidad de la comunicación entre las personas. Así, en general. También desconfío de la vida, como Pappo, pero esa es otra historia.
Hay dos equipos diferenciados y, sin dar nombres, los llamare: Equipo Lila y Equipo Turquesa. Yo pertenezco claramente al equipo lila.
La cosa es que recién estaba escuchando un tema de Leo Maslíah que me hizo reflexionar sobre el que yo considero es el problema básico del equipo turquesa. Y es que sus integrantes tienen una capacidad de análisis tan pobre que no saben argumentar. Entonces, ante la imposibilidad del debate, anteponen una virtud que no tienen pero que es muy bien vista: la tolerancia.
Como no sé por qué eso está mal, lo tengo que tolerar. Como no sé refutarte, te pido tolerancia.
O como dice Leo en El jodedor:
“En vez de palmitos te doy alcauciles
Predico la paz y fabrico misiles
Yo vendo la guerra y me compro la ciencia
Predico la paz pero inculco paciencia”
Predico la paz, pero inculco paciencia.
Piénsenlo.
Update: cuando posteé esto tuve el impulso inicial de quitar la posibilidad de comentarios. Luego me pareció que no daba, pero evidentemente era lo que habría que haber hecho desde el principio. Repito algo que puse más arriba: “desconfío de la posibilidad de la comunicación entre las personas”. Si, si.
En enero del año 2000 me fui de viaje al sur. En un campamento, a orillas del lago Mascardi (cerca de Bariloche), conocí a una familia sumamente peculiar.
Olvidé el nombre de la mujer, pero recuerdo que el marido se llamaba Charly y las tres hijas (eran de ella, no de el) se llamaban Ginger, Gretel y Glenda. Habían venido de Rosario haciendo dedo, los cinco. Allá trabajaban vendiendo porquerías en los semáforos. Eran pobres cultos: fanáticos de Leo Maslíah, progres, simpáticos. Charly era el alma de los fogones, tocaba la guitarra aceptablemente y hacía un asado muy rico.
La primera impresión fue de simpatía hacia ellos. Me parecía loable que, sin tener un mango, tuvieran la voluntad de viajar, de conocer lugares nuevos, gente nueva. Las tres nenas (tendrían entre 11 y 5 años) eran muy despiertas, y yo atribuí eso al espíritu inquieto de sus padres.
Algunos amigos míos que estaban ahí, pensaban lo contrario. Les parecía una irresponsabilidad que viajaran a dedo con tres nenas, que eran unos chantas que pasaban por la vida dando lástima con tres criaturas para no pagar la noche de camping, que el Charly ese era un inútil que lo único que sabía hacer era tocar la guitarra mediocremente en los fogones.
Estuvimos con ellos más o menos tres días, y la teoría de mis amigos fue tomando cuerpo y la terminé aceptando. Me seguían cayendo simpáticos, pero ya se notaba que a las nenas muy bien no las trataban, y que la pobreza no es una virtud.
Nos despedimos y no los volví a ver hasta una madrugada de hace unos meses, haciendo zapping. En TN, el locutor presentó una noticia de color, esas típicas noticias no muy interesantes, aptas sólo para una madrugada en la que no pasa nada y hay que llenar minutos de informativo.
“Una familia argentina viaja en bicicleta por Sudamérica” era el título. Corte, y aparece Charly, idéntico, hablando maravillas de la solidaridad latinoamericana, de que se fueron para darles un futuro mejor a sus hijas, de que ahí en Venezuela viven gracias a la ayuda de la gente, etc, etc.
Largué una carcajada, confirmé la hipótesis de mis amigos, pero en un punto oscuro del corazón me regocijé por ellos y les deseé suerte.
Me encantaría saber dónde están ahora.
Andan por la calle los poetas
como si fueran cometas
en un denso cielo de metal fundido
impenetrable, desastroso, lamentable y aburrido.
Leo Maslíah, Biromes y servilletas
“Tienes que aprender a leer entre líneas. Es más rápido y más fácil, porque entre las líneas no hay nada. Podrás leer muchísimos libros complejos si los leés entre líneas.”
Leo Maslíah
Alguna vez tenía que ser. Llegó Leo Maslíah (1954) al cuento del miércoles.
Se me complicó elegir entre tanto que me gusta de él, entonces primó la brevedad. Del libro Carta a un escritor latinoamericano y otros insultos, aquí les traigo Conocer.
A partir de una típica situación sexual, Maslíah (como siempre) lleva las costumbres al absurdo y las ridiculiza.
Como dice Leo Maslíah:
“El saber no ocupa lugar pero se debe cotizar.”