A quién no le pasó

Veinte personas alrededor de cuatro mesas
todos amigos en este bar.
Mucha cerveza, mucho café, ruido de vasos
nubes de humo y de vapor.

Quisiera irme de este lugar, en todo caso
charlar contigo en otro bar.
Pero no puedo decirteló, qué pasaría
si de repente decís que no.

Yo bancaría el papelón si acá no hubiera
otras personas mirandonós.
Estás muy lejos de donde estoy, te me sentaste
en la otra punta de la reunión.

No escucho nada lo que decís y al lado mío
hablan de cosas que yo ya sé
Toda esta gente cuándo se irá. Yo los estimo
algunas veces, ahora no.

Nadie se cansa de tanto hablar, ni vos tampoco
por lo que veo yo desde acá.
No tengo idea de lo que hablás, pero quisiera
que me miraras un poco más.

Quisiera irme de este lugar, pero contigo
y sin el resto de los demás.
Pero no puedo, hay que esperar. Cómo me pudre
esta maldita conversación.

Si una persona de las que están al lado tuyo
se las tomara, me siento allá.
Pero no hay caso, a lo mejor están pegadas
a sus asientos con Poxipol.

Ya se hace tarde, van a cerrar. El mozo viene
y nos apura a levantar.
Nos vamos todos en borbollón. No puedo hablarte,
la puta madre que lo parió.

“Grupo de amigos en un café” (Leo Maslíah, En el Teatro Circular con Liese Lange, 1989)