Roth sobre Kirchner

“Mientras lo escuchaba, me preguntaba si Jerry habría opinado lo mismo del Sueco cuando éste vivía, si no habría corregido un poco su punto de vista tras la muerte, sintiendo remordimientos por la severidad, más propia de él, con que podría haber considerado antes a su guapo hermano mayor, digno de confianza, bien adaptado, tranquilo, normal, alguien a quien todo el mundo miraba, el héroe del barrio con quien el Levov menor había sido comparado sin cesar mientras evolucionaba y se convertía más bien en un sucedáneo Este juicio de Jerry sobre el Sueco, amablemente acrítico, era con toda probabilidad muy reciente, una compasión nacida pocas horas antes. Es algo que sucede cuando muere la gente: la discusión desaparece con ellos, y personas tan llenas de defectos mientras respiraban que a veces eran casi insoportables ahora se muestran de la manera más encantadora, y lo que menos te gustaba anteayer se convierte, en la limusina detrás del coche fúnebre, en una causa no sólo de regocijo solidario sino incluso de admiración. En cuál de estas estimaciones radica la realidad más amplia (la que no es caritativa y se nos permite antes del funeral, forjada, sin paparruchadas, en la escaramuza de la vida cotidiana, o la que nos llena de tristeza en la reunión familiar posterior) ni siquiera puede determinarlo una persona independiente Ver un ataúd que desciende a la fosa puede obrar un gran cambio en los sentimientos (de repente descubres que no estás tan decepcionado con esa persona que ha muerto), pero ignoro lo que la visión de un ataúd obra en la mente que busca la verdad.”

Pastoral Americana, Philip Roth, 1997