El asado de Grondona

Acabo de leer una nota de Mariano Grondona sobre el caso de Victoria y Eva Donda, las hermanas hijas de desaparecidos que tomaron caminos opuestos: Victoria recuperó su identidad y empezó a militar en el Frente para la Victoria (aunque tengo que corregir al doctor: ya no forma parte del kirchnerismo) mientras que Eva permaneció al lado de sus apropiadores y fue la oradora principal en el acto por las víctimas del terrorismo en Plaza San Martín.

No voy a opinar sobre la nota porque, bueno, es Grondona, ¿qué esperaban? Un monstruoso alegato en favor de la reconciliación nacional en donde dice que los apropiadores presos “están siendo reprimidos por haber emitido un signo de humanidad en favor de huérfanos desprotegidos”. Y para justificar tamaña barbaridad, cuenta la siguiente anécdota:

“Luis Labraña, un montonero de los años setenta que sufrió un largo exilio en Holanda, fue invitado hace poco a un asado por los militares detenidos en Campo de Mayo, muchos de los cuales son considerados por el propio Labraña como ‘presos políticos’ porque ninguna condena judicial respalda su encarcelamiento. Labraña aceptó. Entre los comensales se encendió entonces la chispa de la reconciliación.”

Me imagino la escena.

Torturador: -Che, Labraña, vamos a la parrilla.

Labraña: -Eh, ¡¿la parrilla?!

Torturador: -Sí, la del asado. ¿Qué te pensabas?

Labraña: -Me asusté.

Torturador: -Tonto. Venga un abrazo.

Se abrazan y se escucha la canción de la Banda del Golden Rocket.