No es que de pronto me haya obsesionado con el asunto, pero caminaba hoy por Lavalle casi llegando a Ayacucho, y un objeto verde, hermosísimo, me llamó la atención desde la vidriera de una librería. No me llamó la atención por lo verde ni por lo hermosísimo, sino porque el título era medio raro: A la busca del tiempo perdido.
Resulta que es una traducción relativamente nueva que incluye bastante contexto y, lo mejor, está toda realizada por un mismo traductor: un tal Mauro Armiño. Creo que es la primera vez que una misma persona traduce las siete partes, al menos al español. Pero, ¿por qué le puso A la busca… y no En busca…? Entiendo que tal vez a uno le suene mejor En busca… por una cuestión de costumbre, porque la novela es super famosa y siempre se tradujo como En busca del tiempo perdido y, parafraseando a Borges, toda modificación es sacrílega y no podemos concebir otro título.
Puede ser, pero de todas formas: A la busca… es muy castizo. Uno no dice “voy a la busca de un vaso”, sino “voy en busca de un vaso”. (Es verdad que lo que uno dice más bien es “voy a buscar un vaso”, y lo análogo sería Buscando el tiempo perdido).
La primera parte, Du côté de chez Swann, está traducida como Por la parte de Swann, diferenciándose de la más usual Por el camino de Swann. Es opinable.
Pero la famosísima primera línea, que en francés dice “Longtemps, je me suis couché de bonne heure”, y que la mayoría de las veces se tradujo como “Mucho tiempo he estado acostándome temprano”, el señor Armiño la reescribió así: “Mucho tiempo me acosté temprano”.
No leí la novela, no sé francés, estoy seguro de que Mauro Armiño sabe mucho más que yo (al menos sobre Proust, y seguro sobre muchas cosas más), pero, ¿”Mucho tiempo me acosté temprano”? ¿Vos decís?
Update: me informa un lector que existe una traducción completa de la novela hecha por Estela Canto. La primera oración dice “Durante mucho tiempo me acosté temprano”: más correcta que la de Armiño y menos castiza que el “he estado”. El primer tomo no se titula Por el camino de Swann ni Por la parte de Swann, sino Del lado de Swann. Obviamente, la novela conserva el título de En busca del tiempo perdido.
Pienso que las frases siguientes se acercan aún más de la idea de Proust “Durante largo tiempo me acosté temprano” o “Un largo tiempo me acosté temprano” (en lugar de “largoâ€, desde el adjetivo “luengo†atreverÃa el neologismo “luenganoâ€), porque el tema de la obra no es la “muchedumbre†del tiempo, pero su longitud frágil tal como reaparece en las últimas páginas, alusión de la campana de Combray, despertar de unos sueños (Proust escribió el principio y el final al mismo tiempo) : “Me producÃa un sentimiento de fatiga y de miedo percibir que todo aquel tiempo tan largo no sólo habÃa sido vivido, pensado, segregado por mà sin una sola interrupción, sentir que era mi vida, que era yo mismo, sino también que tenÃa que mantenerlo cada minuto amarrado a mÃ, que me sostenÃa, encaramado yo en su cima vertiginosa, que no podÃa moverme sin moverlo. La fecha en que yo oÃa el sonido de la campanilla del jardÃn de Combray, tan distante y sin embargo interior, era un punto de referencia en esta dimensión enorme que yo no me conocÃa. Me daba vértigo ver tantos años debajo de mÃ, aunque en mÃ, como si yo tuviera leguas do estatura. […] como si los hombres fueran encaramados en unos zancos vivos que crecen
continuamente, que a veces llegan a ser más altos que campanarios, que acaban por hacerles la marcha difÃcil y peligrosa y de los que de pronto se derrumban. Me daba miedo que mis zancos fueran ya tan altos bajo mis pasos, me parecÃa que no iban a conservar la fuerza suficiente para mantener mucho tiempo unido a mà aquel pasado que descendÃa ya tan lejos. Si me diese siquiera el tiempo suficiente para realizar mi obra, lo primero que harÃa serÃa describir en ella a los hombres ocupando un lugar sumamente grande (aunque para ello hubieran de parecer seres monstruosos), comparado con el muy restringido que se les asigna en el espacio, un lugar, por el contrario, prolongado sin lÃmite en el Tiempo, puesto que, como gigantes sumergidos en los años, lindan simultáneamente con épocas tan distantes, entre las cuales vinieron a situarse tantos dÃas” (versión Pedro Salinas, con defectos)