Se criticó del final de Lost que muchos misterios quedaban sin resolver, que se dejaban muchos cabos sueltos, que algunas cosas se ataban con alambre, que estaba lejos de los memorables finales de las temporadas 2 o 3.
Los defensores decíamos que no hacía falta explicar todo, que en realidad era imposible, que era una misión que resultaría fallida, que lo importante de Lost era otra cosa: su estructura, su mitología, su riqueza a la hora de plantear interrogantes, sugerir teorías, disparar perdigonazos de cultura popular y entretejer un caótico tapiz de símbolos. Aunque todos, interiormente, extrañáramos un poquito la adrenalina y la extrañeza que nos regalaba, por ejemplo, el primer episodio de la segunda temporada.
Hoy acabo de ver el epílogo de la serie, un corto de menos de diez minutos protagonizado por el genial, el inigualable Benjamin Linus, y con la participación de otro personaje clave: Hurley. (También hay otro que no voy a mencionar porque sería un spoiler.) Ustedes pueden bajarlo de Taringa! haciendo click acá.
Si me obligara a ser riguroso, tendría que decir que el epílogo resulta innecesario y burdo. Pero banco a Lost, quiero a Lost -como quiero a Maradona: con sus defectos-, y me obligo entonces a evaluarlo como una broma genial y un mensaje certero a los que reclamaron respuestas como sintiéndose estafados.
Recuerdo haber discutido acerca de los misterios sin respuesta de Lost y recuerdo que el adversario en un momento me apuró “¿De dónde salió el oso polar?” y yo habré tartamudeado un poco primero porque yo qué sé de dónde salió el oso polar y después de recomponerme habré dicho: “No importa, la isla se mueve en el tiempo y en el espacio, quizás quedó perdido de otro tiempo y otro espacio, quizás no. Alguna explicación hay: ¿tan importante es que te la digan?”
Y en este epílogo viene Benjamin Linus, ese enigmático personaje que al principio parecía tener todas las respuestas -aunque las iba soltando en cuentagotas mechando mentiras y verdades- y dice que puede contestar cualquier pregunta, pero contestará sólo una. Le habla a un personaje, no importa a quién, pero nos está hablando a nosotros: en realidad les está hablando a los que necesitan esas respuestas.
Pero como todavía no se inventó la televisión interactiva el que responde es el personaje aludido, y el tipo elige el “enigma del oso polar”. Podría haber preguntado cualquier otra cosa, no importa, pero eligió esa. Entonces Benjamin Linus les muestra una grabación del Dr. Pierre Chang en donde explica, entre otras cosas, la razón de la existencia de los osos polares en la isla.
La respuesta no es la que yo había barruntado: es otra, tan verosímil y tan satisfactoria como aquella. Dudo mucho que todos esos televidentes racionalistas ávidos de explicaciones hayan quedado conformes. Es como un truco de magia: la explicación nunca está a la altura del efecto que produce.
Yo no incluiría este epílogo dentro del canon. Como dije al principio: es innecesario y burdo. Pero creo que funciona como un mensaje. Todo tiene su explicación, pero las explicaciones son poco interesantes.