Smoke

Bertram Cooper: -Stop smoking so much! Is a sign of weakness. You know how Hitler got Neville Chamberlain to give him everything at Munich? He held the conference at an old palace that forbids smoking, and after an hour and a half of not smoking Neville Chamberlain would have given Hitler his mother as a dance partner.

Roger Sterling: -All I can get from this story is that Hitler didn’t smoke and I do.

Bondi

Ya es una verdad de perogrullo que la patria es el lenguaje y lo puedo comprobar constantemente acá. Ya ha sospechado Borges, ante las vanas simetrías del español, que diferimos insalvablemente de España -aunque un par de líneas del Quijote bastaron para convencerlo del error-. Puede parecer que hablamos el mismo idioma, pero no: son infinitas las palabras diferentes.

Agustín y Santiago viven hace ocho años acá y son felices. Aunque mantienen cierto lazo con su país (Santiago lee Clarín todos los días), también empiezan a adoptar con entrega a su nueva patria. Santiago me confesó que ya no es de Boca, que se hizo del Real Madrid (y me partió el corazón, aunque soy de River). Claro: ya no sabe quién juega, ya no sigue la fecha ni lee el Olé ni lo ve a Fantino ni a Fútbol de primera (ni siquiera existe ya Fútbol de primera).

Pero si algo mantienen ambos, testarudamente, es el lenguaje y el acento. El otro día en una cena osé decir la palabra “autobús”. Por supuesto: la dije porque había españoles presentes, quise hacerme entender. Pero fui sometido al escarnio de ambos y con razón: la lengua es su refugio. Podrán cambiar de ciudad, de nacionalidad y hasta de club de fútbol. Pero el autobús siempre será el bondi.

Sobre el epílogo de LostD

Se criticó del final de Lost que muchos misterios quedaban sin resolver, que se dejaban muchos cabos sueltos, que algunas cosas se ataban con alambre, que estaba lejos de los memorables finales de las temporadas 2 o 3.

Los defensores decíamos que no hacía falta explicar todo, que en realidad era imposible, que era una misión que resultaría fallida, que lo importante de Lost era otra cosa: su estructura, su mitología, su riqueza a la hora de plantear interrogantes, sugerir teorías, disparar perdigonazos de cultura popular y entretejer un caótico tapiz de símbolos. Aunque todos, interiormente, extrañáramos un poquito la adrenalina y la extrañeza que nos regalaba, por ejemplo, el primer episodio de la segunda temporada.

Hoy acabo de ver el epílogo de la serie, un corto de menos de diez minutos protagonizado por el genial, el inigualable Benjamin Linus, y con la participación de otro personaje clave: Hurley. (También hay otro que no voy a mencionar porque sería un spoiler.) Ustedes pueden bajarlo de Taringa! haciendo click acá.

Si me obligara a ser riguroso, tendría que decir que el epílogo resulta innecesario y burdo. Pero banco a Lost, quiero a Lost -como quiero a Maradona: con sus defectos-, y me obligo entonces a evaluarlo como una broma genial y un mensaje certero a los que reclamaron respuestas como sintiéndose estafados.

Recuerdo haber discutido acerca de los misterios sin respuesta de Lost y recuerdo que el adversario en un momento me apuró “¿De dónde salió el oso polar?” y yo habré tartamudeado un poco primero porque yo qué sé de dónde salió el oso polar y después de recomponerme habré dicho: “No importa, la isla se mueve en el tiempo y en el espacio, quizás quedó perdido de otro tiempo y otro espacio, quizás no. Alguna explicación hay: ¿tan importante es que te la digan?”

Y en este epílogo viene Benjamin Linus, ese enigmático personaje que al principio parecía tener todas las respuestas -aunque las iba soltando en cuentagotas mechando mentiras y verdades- y dice que puede contestar cualquier pregunta, pero contestará sólo una. Le habla a un personaje, no importa a quién, pero nos está hablando a nosotros: en realidad les está hablando a los que necesitan esas respuestas.

Pero como todavía no se inventó la televisión interactiva el que responde es el personaje aludido, y el tipo elige el “enigma del oso polar”. Podría haber preguntado cualquier otra cosa, no importa, pero eligió esa. Entonces Benjamin Linus les muestra una grabación del Dr. Pierre Chang en donde explica, entre otras cosas, la razón de la existencia de los osos polares en la isla.

La respuesta no es la que yo había barruntado: es otra, tan verosímil y tan satisfactoria como aquella. Dudo mucho que todos esos televidentes racionalistas ávidos de explicaciones hayan quedado conformes. Es como un truco de magia: la explicación nunca está a la altura del efecto que produce.

Yo no incluiría este epílogo dentro del canon. Como dije al principio: es innecesario y burdo. Pero creo que funciona como un mensaje. Todo tiene su explicación, pero las explicaciones son poco interesantes.

Si no podés conseguir lo que querés, vení conmigo (Gorillaz)

Ayer viajaba en el subte de Madrid y cuando ví una calcomanía de un sindicato de trabajadores del metro tuve una epifanía pelotuda: existen sindicatos que no son peronistas. Esto puede parecer una obviedad (lo es) pero me resultó marciano. Acá hay todo lo mismo que en Buenos Aires, hasta podés comprar carne argentina, pero no hay peronismo. Y lo más loco de todo: que no haya peronismo no significa que no haya sindicatos, que los trabajadores no estén organizados, que no reclamen sus derechos, que no se los respeten.

¿Qué pasaría si en Argentina los trabajadores se dieran cuenta que organizarse y tener un sindicato es un derecho adquirido hace rato en todo el mundo y no un obsequio otorgado por un General magnánimo y su santa mujer? Cuando eso pase (probablemente nunca), empezamos a hablar.

El rolinga en Madrid

Mi amigo Agustín se vino a vivir a Madrid hace ocho años. Yo llegué hoy y le estuve preguntando sobre la vida acá. Entonces me contó acerca de los rolingas congelados en el tiempo.

Según el, los rolingas en Argentina suelen verse obligados a la evolución. En algún momento tienen que dejar la pelotudez, cortarse el pelo y ponerse a laburar. Integrarse a la humillación del trabajador argentino. Quizás tengan un hijo y sea peor.

Pero los rolingas que se exiliaron en 2002 quedaron congelados en el tiempo. Carecen del contexto necesario, desconocen que sus pares ya son pelotudos integrados al sistema. Tienen treinta años y siguen con el look del flequillo y la entonación porque acá los jipis laburan. Podés ser un pelotudo y laburar. Entonces abundan los jipis, que acá se llaman “perro flauta”, y entre los argentinos exiliados, el rolinga de más de treinta. Y subsisten a través del tiempo.

Quizás eso sea simplemente el daño colateral de un lugar con tan buen nivel de vida.