Secuestro y muerte, de Rafael Filipelli [Apertura]
Pocas veces se da que la Historia, así con H mayúscula, trancurra entre cuatro paredes y el destino de una Nación se juegue dentro de un grupito de cinco personas: cuatro chicos de clase media ilustrada y un General fusilador secuestrado e indefenso. Así ocurrió con el secuestro, juicio y muerte de Pedro Eugenio Aramburu por parte de Montoneros.
La película de Rafael Filipelli aprovecha esta situación de tensión cotidiana pero lo que podría haber sido un thriller psicológico resulta más bien un típico exponente de la abulia juvenil a la “nuevo cine argentino”, y los secuestradores son como personajes de Ezequiel Acuña discutiendo sobre naderías con cierto sentido del humor, aunque tengan a un General secuestrado en la habitación de al lado.
Y esos son los mejores momentos de la película, aquellos en que los chicos -simpáticos, inteligentes, desapasionados- comen tostadas y debaten acerca de la llegada del hombre a la luna. Cuando entra en escena el General, los diálogos se vuelven medio imposibles y Enrique Piñeyro hace de Piñeyro, además de que uno sale del cine comprendiendo las razones de Aramburu, cosa que vuelve a la película tan ideológicamente dudosa como interesante a la hora de discutirla.
Al margen: no hay nombres propios. No se menciona a Aramburu, ni a Montoneros. Ni siquiera a Perón. Todo esto tan adrede como puede adivinarse por una escena -de un humor quizás demasiado “avivado”, como es avivada la pluma de Beatriz Sarlo y Mariano Llinás- en la que los chicos juegan a “adivine el personaje” y las pistas son: ex presidente argentino vivo, tuvo dos mujeres famosas (la primera más que la segunda), es muy alto y tiene cinco letras: inverosimilmente contestan Rosas y Mitre. Nunca Perón.
Repite: Domingo 11, 16.30, Hoyts 6