Aquel sol del atardecer

Mientras trato de ver cómo levantar este blog para que no muera, cosa que sería una picardía, se me ocurrió compartir uno de mis cuentos preferidos de William Faulkner, que es como decir uno de mis cuentos preferidos y punto. Esto no va de copy paste, sin embargo, porque me tomé el trabajo de traducirlo yo mismo del inglés en una tarea que disfruté mucho y que espero puedan disfrutar ustedes.

En algún momento se tituló “Never Done No Weeping When You Wanted to Laugh” (algo así como “Nunca lloraste cuando querías reír”), pero Faulkner lo presentó en Scribner’s ya con el título de “That Evening Sun Goes Down”. No se lo aceptaron, y terminó siendo publicado en The American Mercury, aunque con algunos cambios.

Según cuenta Joseph Blotner en la biografía de Faulkner:

“Cuando Scribner’s rechazó ‘That Evening Sun Goes Down’, Faulkner se lo envió a The American Mercury. Al director, H. L. Mencken, le gustó el relato, pero le inquietaba un poco que el marido de Nancy se llamara Jesus y que se hablara del embarazo de ella en términos explícitos. Faulkner quiso atender las objeciones de Mencken. Cambió el nombre de Jesus. Explicó a Mencken que dejaba el diálogo sobre el embarazo porque ‘indica a Jesus como factor potencial de la tragedia lo antes posible’. Mencken podía eliminarlo si quería. Sin embargo, Faulkner eliminó el pasaje donde se decía que la panza hinchada de Nancy contenía una sandía procedente de la viña de otro. ‘Comprendo que eso sería ofensivo en Boston’, explicaba. Mencken publicó el relato en marzo de 1931, después de más cortes.”

Pocos meses más tarde Faulkner publicó su primer volumen de cuentos, These 13 (Estos 13), en el que incluía este cuento bajo el título definitivo de “That Evening Sun” (“Aquel sol del atardecer”) y con el texto revisado: Jesus se volvió a llamar Jesus y el comentario de la viña reaparece.

El título hace referencia a St. Louis Blues: el lamento de una mujer que odia ver ponerse aquel sol del atardecer porque su chico abandonó la ciudad siguiendo a una mujer con anillo de diamantes.

Así que denle play para que Bessie Smith empiece con su tango triste y viajen en el tiempo hacia el Mississippi de fines del siglo XIX y lean (escuchen) el tétrico e intenso relato de Quentin Compson.

Aquel sol del atardecer, por William Faulkner