Feliz cumple, Diego

Se habló demasiado sobre Diego Maradona y sus expresiones. Empecé a escribir varias cosas pero me aburrí: siento que digo obviedades, que defenderlo es tarea superflua. Discutir al Diego es como discutir la lluvia o las montañas o los tsunamis. El Diego ES. Y hoy más que nunca, sus enemigos son los nuestros.

Maradona cumple 49 años. Podría haber pasado el peor cumpleaños de su vida, “exiliado en Haití”, pero está de pie, luchando, y los que lo bancamos tenemos la esperanza de que la película termine bien. Así la siguen chupando.

Dejo como archivo y como regalo a todos nosotros algunas opiniones que escuché y leí los últimos días y que hago propias.

Guillermo Alfieri
Las tortugas que NO se le escapan a Diego

Vicentico

Zambayonny
Por un mundial sin periféricos

Leandro Zanoni
El que llora, mama

Cecilia Absatz
Epifanía

Alejandro Wall
Maradona, prensa y autocrítica

Alejandro Dolina

Horace Benbow y sus reflexiones de género

Desde mi ventana veía la parra, pero en invierno no quedaba más que el armazón del emparrado. Por eso sabemos que la naturaleza es femenina; por esa connivencia entre la carne de mujer y la estación femenina. De manera que todas las primaveras presenciaba cómo la vieja sabia, renovándose, ocultaba el armazón del emparrado; cómo fabricaba de nuevo su verde señuelo, promesa de intranquilidad. Y no es que pueda hablarse de una gran floración tratándose de parras: no es más que un céreo y desordenado desangrarse, más de hoja que de flor, que va ocultando más y más el armazón, hasta que a finales de mayo, al atardecer, su voz, la de la pequeña Belle, era como el murmullo de la misma parra silvestre. Nunca decía, “Horace, éste es Louis o Paul o quienquiera que fuese”, sino “Sólo es Horace”. Sólo, ¿se dan cuenta? Ella con un vestidito blanco al atardecer, los dos muy recatados y muy cuidaditos y un poco impacientes. Y no me hubiera podido sentir más ajeno a su carne si la hubiera engendrado yo mismo.

Así que esta mañana (no; fue hace cuatro días; era jueves cuando volvió del instituto y estamos a martes) le dije:

-Querida, si lo has encontrado en el tren, es probable que pertenezca a la compañía del ferrocarril. No se lo puedes quitar a la compañía; es ilegal, como llevarse los aisladores de los postes.

-Vale tanto como tú. Va para Tulane.

-Sí, cariño, pero en un tren… -dije yo.

-Los he encontrado en sitios peores.

-Ya lo sé -dije-. Yo también. Pero no hay que traerlos a casa. Se pasa por encima y se sigue adelante. No hay por qué mancharse los zapatos.

Nos hallábamos en la sala de estar; era justo antes de la cena; y no estábamos más que nosotros dos en la casa. Belle había ido al centro.

-¿Qué más te da a ti quién viene a verme? No eres mi padre. Eres sólo… sólo…

-¿Qué? -dije-. ¿Sólo qué?

-¡Díselo a mamá, entonces! Díselo. Eso es lo que vas a hacer. ¡Decírselo!

-Lo malo es el tren, querida -dije-. Si entrara en tu habitación en un hotel, lo mataría. Pero en el tren… me resulta repugnante. Vamos a decirle que se vaya y a empezar de nuevo.

-¡Como si tú pudieras hablar de encontrar cosas en el tren! ¿Qué me dices de los langostinos?

Pero en seguida dijo, “¡No! ¡No!”, y yo la abracé y ella se agarró a mí. “¡No quería decir eso! ¡Horace! ¡Horace!” Y yo estaba oliendo las flores asesinadas, las delicadas flores muertas y las lágrimas, hasta que vi su rostro en el espejo. Había un espejo detrás de ella y otro detrás de mí: ella se veía en el que estaba detrás de mí, olvidada del otro, en el que yo podía verle la cara, verla contemplando mi nuca, y descubrir todo su fingimiento. Por eso la naturaleza es “ella” y el progreso es “él”; la naturaleza hizo la parra, pero el progreso inventó el espejo.

Santuario, William Faulkner, 1931

Gente que sí: hoy, Bill Hicks

Bill Hicks es uno de mis héroes personales. Stand up comedian al mejor estilo George Carlin, filoso, fumador compulsivo, salvaje, infinitamente gracioso. Su existencia hace de este mundo un lugar un poco menos inhóspito. Si todos fueran como él (pensaran como él, quiero decir), el Planeta Tierra sería mi Paraíso personal.

Pero el mundo está manejado por los que no piensan como él. Es más: Bill Hicks se murió a los 32 años poco después de ser víctima de un episodio de censura que truncó la que habría sido su última actuación en TV.

En junio del ’93 le detectaron un cáncer en el páncreas. El 1ro de octubre, muriéndose ya, grabó un monólogo para Late Show with David Letterman en donde se burlaba de los militantes pro-life (sí, el aborto, otra vez). Decía que si estaban tan a favor de la vida, en lugar de bloquear la entrada a las clínicas tendrían que bloquear la entrada a los cementerios, “a ver cuán comprometidos están con la causa”.

Antes de la emisión del programa un productor lo llamó para avisarle que habían tenido que borrar su monólogo porque era “inconveniente” para la audiencia de Letterman. Para sorpresa e indignación de Hicks, cuando vio el programa censurado descubrió que había un aviso publicitario de una asociación pro-life.

Hicks fue invitado a un programa de cable en donde contó el episodio. Se lo nota devastado.

Pocos meses después, en febrero del ’94, el gran Bill Hicks se murió. Después de haber perdido esa última batalla contra sus enemigos (que son también los nuestros) el puto cáncer se lo llevó y quiero imaginar que está en algún lado tomando whisky, fumando porro y burlándose de los hijos de puta junto a Lenny Bruce y George Carlin.

La historia podría terminar acá, con toda la amargura. Pero este año se escribió el último capítulo, cínico y cruel. Dieciséis años después de la censura, David Letterman invitó a la madre de Bill Hicks, minimizó el episodio, lavó sus culpas en el prime time y cosechó rating emitiendo el monólogo censurado. Acá los videos.

Los ejecutivos de la CBS, millonarios y longevos, los chupacirios, los milicos, los fachos en todas sus formas, toda la gente que hace de este mundo la mierda que es… ¡Que la chupen! ¡Que la sigan chupando!

El asado de Grondona

Acabo de leer una nota de Mariano Grondona sobre el caso de Victoria y Eva Donda, las hermanas hijas de desaparecidos que tomaron caminos opuestos: Victoria recuperó su identidad y empezó a militar en el Frente para la Victoria (aunque tengo que corregir al doctor: ya no forma parte del kirchnerismo) mientras que Eva permaneció al lado de sus apropiadores y fue la oradora principal en el acto por las víctimas del terrorismo en Plaza San Martín.

No voy a opinar sobre la nota porque, bueno, es Grondona, ¿qué esperaban? Un monstruoso alegato en favor de la reconciliación nacional en donde dice que los apropiadores presos “están siendo reprimidos por haber emitido un signo de humanidad en favor de huérfanos desprotegidos”. Y para justificar tamaña barbaridad, cuenta la siguiente anécdota:

“Luis Labraña, un montonero de los años setenta que sufrió un largo exilio en Holanda, fue invitado hace poco a un asado por los militares detenidos en Campo de Mayo, muchos de los cuales son considerados por el propio Labraña como ‘presos políticos’ porque ninguna condena judicial respalda su encarcelamiento. Labraña aceptó. Entre los comensales se encendió entonces la chispa de la reconciliación.”

Me imagino la escena.

Torturador: -Che, Labraña, vamos a la parrilla.

Labraña: -Eh, ¡¿la parrilla?!

Torturador: -Sí, la del asado. ¿Qué te pensabas?

Labraña: -Me asusté.

Torturador: -Tonto. Venga un abrazo.

Se abrazan y se escucha la canción de la Banda del Golden Rocket.

Porque el idioma de infancia es un secreto entre los dos

Puede que haya influido el estado de ánimo dominguero, pero la muerte de Mercedes Sosa me entristeció más que la de ningún otro artista. Es decir: me entristeció de verdad.

Creo que finalmente el sentimiento es puramente egoísta. Muchas de sus canciones me remiten a la infancia y su muerte no es más que otra prueba tangible de que esa época está cada día más lejos. Esa es la gran tragedia.

Su grandeza está ahí, en haber logrado que su muerte sea un poquito la nuestra.

Como dijo la propia Negra cuando se murió Fontanarrosa: estoy sorprendido por el poder de la muerte.

Bioy, en defensa de la poligamia

Soy el amante que las mujeres hacen de mí. Un chambón con algunas; un diestro profesional con las que me exigen. Evidentemente soy mejor cuanto más me exigen. En general no valgo mucho cuando tengo una sola mujer, que no quiere acostarse más de una o dos veces por semana. Cuando tengo dos mujeres, o más, mis reflejos obedecen en el acto, cada una me estimula, me enseña y se beneficia de las enseñanzas y de los estímulos de la otra (o de las otras).

Adolfo Bioy Casares, Descanso de caminantes, 1996