Deprímanse: pasaron más de diez años.
Monthly Archives: January 2009
Cocaine Decisions
Hace un año entrevisté a Glenn Close por el estreno en la Argentina de la serie de TV Damages.
Eso diría un pelotudo de esos que chapean con cosas que no hicieron. La realidad es que mandé unas preguntas por mail y después me conecté en teleconferencia junto con varios periodistas de latinoamérica para escuchar cómo leían algunas de esas preguntas y Glenn Close las contestaba. Nosotros teníamos prohibido emitir sonido.
Acá dejo la intro para que capten la mala onda que flotaba en el aire, no por culpa de Glenn Close, que estuvo de lo más simpática.
Quizás por esta cuestión le tomé idea a Damages, aunque el primer episodio me había gustado mucho.
El otro día leí la recomendación de Hernán Casciari y me acordé que tenía en un DVD toda la primera temporada. Puse play y no paré.
La revelación para mí fue Ted Danson en el papel del villano Arthur Frobisher.
Soundtrack del post:
Otro sobre Diego

Ví el documental de Emir Kusturica sobre Maradona (Maradona by Kusturica, está en la mula).
Propongo secuestrar a Juan José Sebreli, atarlo a una butaca con los ojos abiertos onda Naranja Mecánica, y hacerle ver la película una y otra vez. A ver si se aviva de una vez por todas esa vieja de mierda.
Soundtrack del post:
¡Te quiero, Diego!
Roberto Quenedy sings De Wait Straips
Hay un boliche en San Rafael (Mendoza) que se llama Osvaldo. Ahí toca una bandita de covers. Hacen más que nada rock nacional (de Turf a Babasónicos), pero al final se despachan curiosamente con Seven Nation Army, el hitazo de los White Stripes.
Registré el momento con mi camarita. Se mueve un poco porque en lugar de un trípode tenía varios whiskys.
Arrastrarse tras el desastre
Un escritor corteja a su público tan ignominiosamente como un político o cualquier otro charlatán; le gusta sentir el gran pulso, recetar como un médico, lograr un puesto propio, que lo reconozcan como una fuerza, recibir la copa rebosante de adulación, aunque tenga que esperar mil años. No desea un mundo nuevo que pueda establecerse inmediatamente, porque sabe que nunca lo satisfaría. Desea un mundo imposible en que él sea el gobernante títere y sin corona dominado por fuerzas que no pueda controlar en absoluto. Se contenta con gobernar insidiosamente -en el mundo ficticio de los símbolos-, porque la mera idea del contacto con realidades crudas y brutales lo espanta. Es cierto que capta la realidad más penetrantemente que otros hombres, pero no hace esfuerzo alguno para imponer esa realidad superior al mundo por la fuerza del ejemplo. Se satisface sólo con predicar, con arrastrarse tras el desastre y las catástrofes, un profeta agorero de la muerte, siempre sin honor, siempre lapidado, siempre esquivado por quienes, por ineptos que sean para sus tareas, están dispuestos y prontos a asumir la responsabilidad por los asuntos del mundo. El auténtico gran escritor no quiere escribir: quiere que el mundo sea un lugar en que pueda vivir la vida de la imaginación.
Sexus, Henry Miller, 1949
