Major Colvin da una buena razón para la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal.
Monthly Archives: December 2008
Beautiful, innocent creature
Sucumbí al furor de las series de TV yanquis. Estoy viendo The Wire, que me encanta. Dexter está bien. Empecé Weeds, que es divertida. Y por supuesto, espero con ansias las nuevas temporadas de Lost y de 24. (También la de True Blood)
No digo nada original si señalo que lo groso, hoy, no pasa por el cine sino por la tele (me refiero a los Estados Unidos).
Pero también siento que los que miramos series de TV con tanta voracidad somos víctimas del síndrome de abstinencia, y devoramos varios capítulos seguidos de falopa para sentir lo que sentíamos cuando tomábamos de la buena: cuando era de calidad, y disfrutábamos cada capítulo como si fuera una única obra de arte, y sufríamos y éramos felices.
Me refiero a Los Sopranos, una serie que no creo que nadie pueda empardar en el futuro inmediato.
Y siempre que pienso en esa serie, recuerdo esta escena.
Claro es piedra
Sigue la maldición de Claro.
Las primeras víctimas fueron Ariel Ortega y Martín Palermo (nótese además que Palermo arranca diciendo “Hola, Coco”).
Después le llegó el turno a Mariano Martínez. Apenas salió al aire este comercial, involucraron a su padre en la jodita de la efedrina.
Ahora el protagonista de la nueva publicidad de Claro es Pipo Cipolatti, que canta eso de “hay verano y tenés claro donde vas“. La misma semana en que salió al aire el spot, lo asaltaron en su casa a punta de pistola.
She don’t lie, she don’t lie, she don’t lie
Quizás sea uno de los mitos más felices de la literatura argentina: Fogwill escribiendo Los pichiciegos en seis días (“del 11 al 17 de junio del ’82″), con doce gramos de cocaína y el televisor transmitiendo las versiones oficiales de la Guerra de Malvinas.
Un grupo de soldados desertores, refugiados bajo tierra, colaboran con los ingleses a cambio de comida, gas, cigarrillos y otras cosas indispensables para sobrevivir.
“Comieron tarde aquella noche. Eran las once pasadas cuando se repartieron las raciones y los jarros con guiso de cordero caliente. Entre todos tomaron cuatro botellas de Tres Plumas comentando el espectáculo del polvorín de los marinos y cada tanto una vibración suave del suelo daba la idea de que en algún lugar muy lejos algunos estarían bombardeando mucho a otros.
-¡Los muertos que han de haber hecho…! -dijo Manzi, un callado.
-No tanto… a esta hora todos andarán en refugios… -se pensó.
-¿Y alcanzan los refugios?
-Sí, han de alcanzar -el que decía eso era el Ingeniero.
-¿Cuántos muertos? -preguntó alguien desde lo oscuro.
-Cien -apostó uno.
-Mil -exageró otro.
-Dos mil -duplicó el primero.
-Trescientos -corrigieron.
-Trescientos cincuenta y seis -cantó una voz en cordobés.
-¡Buen número! -la voz del Turco había opinado.
-¿Cuántos somos aquí? -quería calcular Pipo.
-Dicen que diez mil.
-Diez mil… ¡no pueden matarnos a todos!
-No, a todos no, ¡a la mayoría! -dijo Rubione.
-Videla dicen que mató a quince mil -dijo uno, el puntano.
-Quince mil… ¡no puede ser!
-¿Cómo, Videla? -preguntó el Turco, dudaba.
-Sí, Videla hizo fusilar a diez mil -dijo otro.
-Salí, ¡estás en pedo vos…! -dijo Pipo.
-¡Qué pedo! ¡Está escrito! -hablaba el puntano-. Yo lo vi escrito en un libro, en la parroquia de San Luis está. ¡Quince mil!
-¡Estás mamado!
-Qué mamado, están los nombres de todos, uno por uno, los que mandó fusilar Videla.
-No pueden haber sido tantos -dijo el Turco.
-Vos te callás, Turco -dijo Luciani-. Vos sabés de mandar y de comprar y vender pero de esto no sabés una mierda, ¡así que te callás…!
El Turco calló. Él tenía eso: en lo suyo, mandaba; de lo que no sabía, sabía callar.
-¿En serio? -consultaba el Turco a Viterbo, achicado.
Habían prendido las linternas. Se miraban las caras. Todos seguían tomando las botellas de Tres Plumas que pasaban como si estuvieran mateando.
-No sé -dudaba Viterbo-, mataron muchos, ahora que los hayan fusilado… no sé.
-Fusilados -dijo el pibe de la parroquia-. ¡Fusilados!
-Yo sentí que los tiraban al río desde aviones.
-Imposible -dijo el Turco, sin convicción.
-No lo creo, son bolazos de los diarios -dijo el pibe Dorio, sin convicción.
-Yo también había oído decir que los largaban al río desde los aviones, desde doce mil metros, pegás en el agua y te convertís en un juguito espeso que no flota y se va con la corriente del fondo -indicó el Ingeniero.
-No puede ser, ¿cómo van a remontar un avión para tirarte?
-Dicen que aviones de Marina eran, los tiraban.
Se escuchaban las vibraciones del polvorín. Seguía explotando.
-¡Lástima que no esté el Sargento! Él sabía eso.
-¡Y cómo no iba a saber eso si él trabajó de eso! ¡Si tenía una medalla del Operativo Independencia! -dijo Acosta.
-Pero de aviones no puede ser: por más locos que sean, ¿cómo van a remontar un avión, tomarse ese trabajo? -dijo Rubione-. Calculá: cien tipos por avión podés tirar: son cien viajes. ¡Un cagadero de guita!
-¿Y a ellos qué les importa la guita? Suben, te tiran, ¡chau!
-¿Pero cómo van a remontar cien aviones…?
-Es que lo van haciendo con el tiempo, ¿qué apuro tienen?
-Yo no creo que hayan sido tantos. Además, ¿por qué…?
-Porque eran guerrilleros…
-Si nunca hubo tantos guerrilleros… habría mil cuando mucho -dijo un pichi del fondo, que nunca hablaba.
-Habló el boludo -dijo el puntano-, ¡eran quince mil! ¡Quin-ce-mil! -subrayó.
-Haber, había miles. En Tucumán -contaba el tucumano-, cuando venía Santucho para el 17 de octubre, llegaba con trescientos Peugeot 504 negros, cada uno con cinco monos adentro y desfilaban.
-¿Desfilaban? -no lo podía creer el Turco.
-Sí, ¡desfilaban!
-¿Y la cana los dejaba?
-La cana se escondía. Si eran mayoría ellos…
-¿Y la gente?
-La gente aplaudía, les tiraba flores, les daba plata para las colectas.
-¿Aplaudía?
-¡Si estaban con ellos! ¡Cinco a uno era la ventaja que les daba Perón a los otros…!
-Pero Santucho no era peronista, ¡animal! -dijo Viterbo.
-Sí, ¡era peronista! -dijo el tucumano-. Lo que pasa es que no la iba con Isabel…
-¡Esa yegua…! -afirmó Rubione.
-¿Por qué yegua? ¡Pobre mina! Fue la única que encanaron.
-¡Y mejor para ella! A los demás los fusilaron y los tiraron al río.
-Eso sí, pero se chupó diez años presa.
-¿Cómo diez? ¡Cinco! -dijo Viterbo. Sabía, era de padre radical.
-Bueno, cinco. ¡Igual es mucho para una mina!
-¡Y sin comerla ni beberla!
-Algo afanó.
-¿Vos creés? Afanaron los otros, los que se fueron antes…
-Y ella también. Está en España, vive como un rey, morfa con los reyes.
-Conmigo no -dijo él.
-¡Los reyes verdaderos, boludo! -dijo el Ingeniero.
-¿Por qué no hablan en orden? -pedía Pipo, como si tuviera que anotar las existencias de un almacén de opiniones.
-La tendrían que haber fusilado a ella también.
-¿Por qué? ¿Qué hizo?
-Y los otros: ¿qué hicieron?
-Pero no fusilaron tantos, es bolazo de estos negros.
-La puta que te parió -dijo el puntano, o el tucumano.
-Que te recontra.
-¡Leí! ¡Leí la lista! ¡Está! ¡Está la lista! -ése era el puntano.
-Quisiera verla… -dijo un porteño.
-Bueno, andá a la iglesia de San Luis y pedila.
-Pará que salgo y voy. ¡Negro boludo!
-Andá a la puta que te parió.
Seguían más explosiones. El Turco dijo:
-Oigan, ¡se están tirando con todo!
Y entonces callaron unos instantes para oír las bombas y se ordenó la discusión.
-Para qué tantas bombas…
-Para amedrentar, para apurar la rendición.
-Los de acá quieren, Galtieri no.
-¿Yo qué no?
-Vos no, ¡gil! Galtieri el verdadero.
-¿Vos sos Galtieri? -preguntaba Rubione al muchacho al que llamaban Galtieri.
-Sí -dijo el pibe. Era morocho y petisito.
-¿Y por qué te dicen Galtieri?
-El Sargento le puso -dijo Viterbo- porque este pelotudo también creía que íbamos a ganar…
-¿Y ustedes no?
-Nosotros sí, hasta que vimos la flota -dijo el Turco.
-¿Vieron pasar la flota?
-Sí.
-¿Qué harán si ganan?
-Nada.
-¿Y a nosotros qué…? -preguntaba Galtieri.
-¡Presos!
-¿Presos? ¡Se cogen a los presos! -dijo alguien de atrás.
-Eso ahora, para asustar, para amedrentar, ¿pero vos te creés que justo te van a coger a vos si tienen otros diez mil tipos para elegir?
-Por ahí sí, por ahí te cogen.
-¿Dónde presos? -volvía al tema Galtieri.
-Hacen campos de concentración. Después te piden las Naciones Unidas.
-¿Aguantaremos? -preguntaba Rubione.
-Sí -dijo el Turco.
-¡Yo estoy por boludo! -se quejó Acosta-. ¡Yo tendría que haberme quedado desertor!
-¡Y yo que no pedí la prórroga! -dijo García.
-¿Y si nos fusilan?
-No, ¡no van a fusilar!
-¿Y allá no fusilaron diez mil…?
-De nuevo boludeces…
-Bueno, mil…
-Ponele cinco mil.
-¡Se dejaron fusilar de boludos, por no rajar!
-¿Y cómo se iban a rajar? -era el puntano.
-Firmenich se rajó.
-Ése era vivo.
-Es vivo. ¡Pero tenía pelotas ése!
-¿Por?
-Ese amasijó al presidente. Lo secuestró y lo amasijó cuando tenía quince años de edad…
-¿En serio?
-Sí, a Aramburu, era militar -general-, Firmenich lo amasijó, y era un pibe… ¡de un tiro!
-¡Joda! -dudó alguien.
-¡Cierto! -confirmó Viterbo.
-Y a los dieciséis, él con diez tipos más, pendejos como él, tomaron una cárcel militar y soltaron a mil guerrilleros que había presos… Fue en Rawson, cerca de mi pueblo… después secuestraron aviones y los llevaron a Chile.
-¿A Chile? ¿A Pinochet?
-No, en esa época Chile era comunista.
-¿Comunista Chile?
-Sí… ¡Si Fidel Castro fue a esperarlo a Firmenich cuando fue con los aviones secuestrados llenos de presos!
-Menor que nosotros.
-¡Y se rajó!
-Muchos rajaron.
-Por eso no pueden ser diez mil ni quince mil…
-¿Qué edad tiene ahora?
-Treinta.
-Como un capitán joven.
-Pero éste tiene la guita loca, miles de palos verdes tiene.
-¿Dónde está?
-En Europa, en Cannes, o en Montecarlo, por ahí…
-¿Y qué hace?
-Se prepara para venir.
-Sí, ¡lo van a dejar venir! -dudó el Turco.
-Y por ahí… Si hay elecciones…
-Nunca más va a haber elecciones aquí.
-¡Ah no…!
-No, ¡nunca más! ¿No viste que no hay libretas de enrolamiento? Antes había, tenían un espacio para poner el voto, ya ni las hacen. Mi viejo tiene -dijo Viterbo. Era un político.
-Si hay elecciones ¿lo votarías?
-¿A quién…?
-A Firmenich.
-No… yo no votaría a nadie, ¡que se vayan todos a la puta madre que los remil parió!
-Che… ¿desde qué edad se vota?
-Desde los veinte, ¿no?
-Yo no creo que salga presidente Firmenich.
-Yo no creo que se hagan votaciones…
-Mi viejo en Montevideo -habló el uruguayo- fue guerrillero… ¡Era tupamaro!
-¿Eran católicos ésos, no?
-No… nacionalistas. También los mataron a todos… -dijo el uruguayo.
-¿Y tu viejo hizo guita?
-No, traer no trajo nada… ¡pero por ahí dejó escondida en el Uruguay! Dice que alguna vez vamos a volver.
-¿Te imaginás, Negro…? ¡Llegás y te encontrás con toda la guita!
-Sí… Pero la guita de antes ya no sirve.
-Los dólares y las libras y las monedas de oro siempre sirven -dijo el Turco.
Seguían tomando. Hablaban todos a la vez.”
The wrong man
Burrell: -In these prices I can’t afford more phone surveillance.
Daniels: -I’m aware of that. And right now the plan is to go for a hand-to-hand on one Lieutenant a couple runs down from Proposition Joe.
Burrell: -And then roll the Lieutenant up?
Daniels: -We don’t think he’ll let much rolling to do. Joe’s people are pretty schooled. The hope is that they promote this middle level dude, who is a fool, to replace him, named Drac. Then wire on his cell phone. If he gets promoted maybe he talks to Joe or Joe’s top people. We get that far, and maybe we start to see Stringer Bell.
Burrell: -What makes you think they’ll promote the wrong man?
Daniels: -WE do it all the time…
Frankie Faison y Lance Reddick en The Wire
Anna
Parecía que Anna Paquin iba a correr la misma suerte que la mayoría de los niños prodigio de la actuación: después de su Oscar por La lección de piano, que recibió a los once años, no había podido dar todavía con un papel consagratorio que estuviera a la altura de su talento.
Fue Rogue en las películas de los X-Men y también una de las groupies en Almost Famous, pero sus fans queríamos un protagónico. Por fin lo consiguió con True Blood, la nueva serie de Alan Ball, el creador de Six Feet Under.
Anna es Sookie Stockhouse, una mesera que puede leer los pensamientos de la gente, y que por eso mismo es virgen: los pensamientos de los tipos con los que sale la espantan. Pero llega al ficticio pueblo sureño de Bon Temps Bill Compton, un vampiro solitario que en sus tiempos de humano peleó en la Guerra Civil (del lado de los Confederados, por supuesto).
Hace dos años los vampiros “salieron del ataúd”, un chiste que refiere a la expresión “salir del closet”. O sea: salieron de la clandestinidad. ¿El motivo? Los japoneses inventaron una sangre sintética (se comercializa con el nombre de Tru Blood) y ahora los señores de la noche no están obligados a morder humanos para alimentarse, aunque no todos se priven de tan exquisito manjar.
La nueva minoría, la de los no-muertos, tiene sus derechos. Pero el mundo todavía no es tan progresista: el matrimonio entre un humano y un vampiro no está legalizado, por ejemplo. Eso sí: Angelina Jolie, altruista como siempre, adopta un bebé vampiro.
Cuando Sookie conoce a Bill, siente una paz enorme. Es porque no puede leer sus pensamientos. Obvio: Bill está muerto, su cerebro no emite ondas. Y claro, se enamoran, para el escándalo de todo el pueblo.
True Blood ya terminó su primera temporada y está nominada a dos Globos de Oro: Mejor Serie Dramática y Mejor Actriz Protagónica (¡Anna Paquin!).
Los que, como yo, no aguantan más la abstinencia de Lost (empieza el 21 de enero) y de 24 (11 de enero), tienen para entretenerse con la primera temporada de True Blood. Se la pueden bajar acá.
Este es el final de sexto episodio. Sookie debuta con Bill.
(Apenas una tetita y ya hubo que saltar de YouTube a Megaporn)
A la derecha de los lectores de La Nación
Macri venía haciendo la plancha pero hacia fin de año le aparecieron algunas olas: el escándalo en la Legislatura, el conflicto con los docentes y la marcha atrás con el convenio por el juego y con el impuesto a las tarjetas.
Ahora está lo de la directora del Mariano Acosta, a quien quieren echar -supuestamente- porque participó de los festejos de fin de curso junto a los alumnos.
En el PRO son tan idiotas que hasta los lectores de La Nación están en contra de esa decisión. Como dijo Michael Moore cuando recibió su Oscar por Bowling for Columbine: “Debería darte vergüenza, Bush. Cuando hasta el Papa y las Dixie Chicks están en tu contra, ya te llegó la hora”.