Monthly Archives: July 2008
Borges al dos mil cien
Borges le contaba a Bioy un día de julio del ’63: “Propuse a Erro que los escritores, por intermedio de la SADE, renunciáramos a que algún día den a una calle nuestro nombre. Para mantener las tradiciones de la ciudad, para que no se nos confunda con una calle, le expliqué. Él en seguida cambió de tema”.
¿Qué diría Borges si supiera que la calle rebautizada fue justamente Serrano, esa que está a un lado de la manzana pareja que ya no persiste en su barrio? Quizás le quedaría el consuelo de saber que Serrano todavía existe en Villa Crespo.
Sobre la otra parte de su temor, puede estar tranquilo: nadie pregunta, todavía, “¿Qué Borges? ¿El de la calle?”. Peor le fue a Leopoldo Lugones, a quien transformaron involuntariamente en “La Lugones”.
Post para tocarse
Hace poco más de un año yo salía embobado de la proyección de La tourneuse de pages, un buen thriller francés que se estaba proyectando en el Festival de Mar del Plata, completamente enamorado de su protagonista, Déborah François. Decía que, en ese momento, no se me ocurría la posibilidad de la existencia de una mujer más hermosa que ella. Por supuesto, estaba embobado.
Hoy fue tapa de La Nación Espectáculos la incomparable Ludivine Sagnier. Es la protagonista de Una mujer partida en dos, la última de Claude Chabrol, que se estrena mañana. Sin ningún lugar a dudas, es esta la chica más linda del mundo.
Fue todo gracias al gran François Ozon. La conocí en Gotas que caen sobre rocas calientes, basada en una obra de teatro de Fassbinder (otro amigo de la casa), en donde, si me disculpan el estúpido juego de palabras, calentaba hasta a las rocas. Después pude verla en 8 mujeres, en donde eclipsó a dos hermosuras como son Emmanuelle Béart y Virginie Ledoyen, y eso que se pasaba la película en un pijama nada sexy (a la vista, porque al tacto seguro iba como piña). Por último, en la genial La piscina: el desprejuicio sexual hecho personaje, capaz de despertarle los ratones hasta a la reprimidísima escritora inglesa que hacía Charlotte Rampling.
Pero como una imagen vale más que mil palabras, y dos tetas mucho más todavía, acá van unos fragmentos de Gotas que caen sobre rocas calientes, así entienden de qué hablo.
Y para que vean que esta chica no es sólo un buen par de tetas, un número musical en-can-ta-dor de 8 mujeres:
Nace una estrella
A pesar del post anterior, creo que Cobos votó bien. Quiero decir: más allá de su opinión sobre el particular, no podía ratificar una ley que no consensuó el Congreso. Creo que ni aunque hubiera estado a favor debería haber votado por la positiva.
Sin embargo, me molesta que ahora se lo tilde de “valiente”. No sé si votó así por convicción o por conveniencia, pero una cosa no quita la otra: nada mejor para su carrera política que votar así. ¿Quién carajo era Cobos antes de todo este entuerto? Ahora todos saben quién es, lo abrazan en la calle, y en la sección Política de Clarín ya se ganó el “ismo” tan ansiado.
Update: … y de un día para el otro, degradaron al cobismo entrecomillandolo. ¿Por qué habrá sido?
Los premios
Leyendo el diario de Bioy sobre su amigo Borges, me vino a la cabeza este post de Quintín sobre los entretelones de un premio literario. Es que Bioy y Borges fueron jurados de varios premios, y en el libro se comentan en varias oportunidades los chismes sobre estos concursos. Claro que en el texto de Quintín no sabemos quiénes fueron los protagonistas (ni siquiera cuál fue el concurso). Jorge Rial es mucho mejor a la hora de tirar sus célebres “enigmáticos”: sabe decir de quién se trata sin dar los nombres. (Aunque quizás los que estén inmersos en el mundillo literario le hayan podido conferir alguna identidad a las letras de Quintín.)
Pero Bioy está más allá del bien y del mal, y -sobre todo- los protagonistas ya están muertos. Por eso cuenta en su diario una anécdota deliciosa sobre un premio al mejor “poema sobre la patria” organizado por el diario Clarín en 1960. El involuntario protagonista es el poeta Ricardo Molinari, miembro del jurado junto con Borges.
Viernes, 6 de mayo. Come en casa Borges. Habla de Molinari, que está con él en el jurado de poemas del concurso de Clarín: «Hay que desconfiarle. Es tonto para escribir, pero muy astuto para desempeñarse en un jurado. Se pasó la vida haciendo estas cosas». Me lee absurdos poemas de uno de los manuscritos, señalado como bueno por Molinari. Después dice que tal vez votará por uno que leyó en estos días: «Los temas son convencionales, pero la versificación es correcta. Algunos sonetos podrían ser de Lugones, pero más mansos… Los otros poetas no valen nada, absolutamente nada». Parodia versos.
Miércoles, 11 de mayo. Dice que mañana, en la reunión del jurado de Clarín, deberá discutir con Molinari y que tiene pereza: «De todos modos, prefiero a Molinari y no a González Lanuza. Molinari sabe que estamos peleados y trata de hablar poco conmigo; pero González Lanuza finge no saberlo, y me abraza y me llama Georgie».
Domingo, 15 de mayo. Habla de su reunión de mañana, con los demás jurados del premio de Clarín: «Quién sabe qué prepara Molinari. Es vengativo, taimado, envidioso, deshonesto. Parece que el autor del poema cordobés que más nos gusta es Vocos Lescano. Molinari no quiere premiarlo porque una vez Vocos le echó en cara el haber llevado a la comisión de la SADE a ese compadrito de Aráoz de Lamadrid. Además, Molinari no quiere premiar un poema antiperonista. Al ver la patria deshecha, el poeta dice que está seguro de que vendrá otro día glorioso como el de la Revolución Libertadora, aunque tal vez él no lo verá… Mucho me temo que Molinari trate de asustar a Galtier, que trabaja en Clarín, sobre los peligros para el diario de que premie a un poema tan abiertamente antiperonista».
Viernes, 10 de junio. Comida en Baiardino, en honor de Vocos Lescano, Premio Clarín al mejor poema sobre la patria (cincuenta mil pesos). González Lanuza se acerca afectuosamente a Borges y sonriendo le dice: «¿Cómo te va, Georgie?». Éste contesta: «Bien», y se vuelve, le da la espalda, habla con Clemente y otros. El vicepresidente de la compañía Esso, en su discurso, galano y bobo, elogia al poeta en general y olvida al concreto Vocos. Éste habla. Al principio, pienso: «Tomó el premio en serio; se la pilló». En efecto, nos dice que el poeta no es ni mejor ni peor que los otros hombres, que trabaja en una oficina, que va al mercado, que regatea los precios y que en su casa, a donde llega cansado, procura componer sus poemas. Quienes lo escuchan son compañeros de la Esso y unos cuantos escritores. (Los compañeros de la Esso son idénticos al poeta descrito por Vocos, minus la excelsa composición de poemas.) No me parece atinado mostrarse como el gran hombre sencillo pero, por un mal camino, llega a un resultado mejor: dice que para componer versos, buenos o malos, ha dejado de hacer, de ver, una montaña de cosas, y que si nosotros le preguntamos ahora si está feliz, nos dirá que sí, que volvería a dejar de hacer esa montaña de cosas, con tal de componer sus versos, buenos o malos. Luego, con exaltación, sin monotonía, lee su largo poema (Canto a la Argentina), que tiene empuje, demasiadas dulzuras y alguna que otra felicidad.
Sábado, 26 de noviembre. Cuenta Borges el triste caso de Molinari. Estando en el jurado de Clarín, Molinari no quería votar por el poema de Vocos Lescano, partidario de la Revolución Libertadora. Finalmente, a regañadientes, para no hacerse de enemigos mostrándose en disidencia y solo, votó por Vocos. Ahora, los de Clarín, enojados porque el jurado no les hizo el juego de votar a algún vate del integracionismo, no pagan al jurado. El pobre Molinari tiene que protestar contra la gente que piensa como él, es mártir de la causa de la que abomina.
Periodismo
Descendimos las escaleras hasta el café de la planta baja. Había descubierto que ésa era la mejor manera de librarse de los amigos. Una vez terminada la copa sólo hay que decir: “Bueno, ahora tengo que subir a enviar unos cables”, y todo queda solucionado. En el mundillo periodístico es indispensable hallar salidas airosas como ésa, ya que una parte muy importante de la ética profesional consiste en que parezca que nunca trabajas.
Fiesta, Ernest Hemingway, 1926
Carne sobre carne
Como casi todo el mundo: no puedo decir si estoy a favor o en contra de las retenciones y argumentarlo con cifras. Supongo que no hace falta que diga (una vez más) todo lo malo que pienso sobre este Gobierno. Sin embargo, y puesto que a los tibios los vomita Dios y pocas cosas me atraen menos que la lluvia romana, debo decir, desde el corazón y las tripas, que espero sinceramente que se aprueben las retenciones y que todos estos hijos de puta de rebenque y sombrerito tengan que pagar sus impuestos como cualquier boludo.
Esto es lo que más me molesta: la enorme cantidad de gente dispuesta a protestar por un impuesto que no los afecta, o que si los afecta, los afecta para bien. Está bien que De Angeli haga kilombo porque le tocaron el bolsillo. Pero, ¿qué onda la vieja de peluquería que dice “estoy con el campo” y después se queja cuando no consigue colita de cuadril en Coto? ¿No se da cuenta esta vieja pelotuda de que si no consigue colita de cuadril es porque a De Angeli le conviene vendérsela a los gringos?
(Este post es el reverso de este otro. A pesar de lo que digo acá, sigo suscribiendo lo que dije antes.)


