Olga

El otro día me compré en una librería de usados Muerte en la tarde, de Hemingway. Una edición de Planeta del ’76. Ocho pesos. Tiene el nombre Olga escrito en fibra verde y con letras mayúsculas sobre el costado, y en minúsculas y con la misma tinta, Olga 1978 sobre la tapa. Sí, sobre la tapa, sobre la foto de la tapa (una imagen en negativo de un torero montado a un caballo, y un toro en posición de embestirlos). En la segunda página, otra vez Olga. En la tercera, una fecha: 13/12/78 y una ciudad: Bs. As. Pero arriba, el nombre completo, escrito con birome azul y sobre el número 1977: Olga Sustaita de Pujato. El libro tiene frases subrayadas en verde. La primera está en la página 12 y dice: “es moral todo lo que hace que me sienta bien, e inmoral todo lo que hace que me sienta mal”.

Ayer estaba ordenando mi biblioteca y di con Intruso en el polvo, de Faulkner. También una edición vieja, del ’59, de Losada. Todavía no lo leí, pero recordé enseguida que tiene un muy buen primer párrafo que dice: “Eran exactamente las doce de aquella mañana de domingo cuando el sheriff llegó a la cárcel con Lucas Beauchamp, aunque todo el pueblo (y también en rigor todo el distrito) sabía desde la noche anterior que Lucas había matado a un hombre blanco”. Me gustan los buenos primeros párrafos como ese. Abrí el libro para releerlo y di con el mismo nombre en tinta azul: Olga Sustaita de Pujato. Bs. As., 1966.

Esta podría ser la historia originaria para un cuento de Cortázar o de Paul Auster, de esos en los que la casualidad es protagonista y el azar tiene una rítmica. Pero a mi a esta altura esos cuentos me rompen un poco las pelotas. Así que solamente posteo esto con la esperanza de que Olga sea googleada alguna vez, alguien se comunique conmigo y me ofrezca el resto de la biblioteca, que la mina parece que tenía buen gusto.

Cosas que te pasan si sos vivo

Cuando Demián me hizo conocer a Liniers me volví loco, me compré Macanudo 1 y fui feliz. Después le descubrí un moco pero no me importó, igual me parecía genial.

Creo que lo que terminó por hundirlo en mi abismo personal de ídolos en decadencia fue su blog, en donde se muestra como un tipo que de tan sensible se pasa de pelotudo.

Ahora encontré un gran sitio que lo parodia. Sí, pasen y vean los chistes de Garchiers, un tremendo hijo de puta. Como muestra, basta un botón:

Garchiers

¡Varsky traidor!

No tengo ganas de buscar los videos porque no creo que los vaya a encontrar, pero algún programa onda TVR de estos que abundan debería mostrar un segmento de El Rayo, creo que de la época en que lo conducía Dolores Barreiro, en donde Juan Pablo Varsky decía que lo habían echado de McDonald’s por regalarles los Big Macs que sobraban a los chicos de la calle; y después pegarlo con la publicidad de esa misma casa de comidas rápidas en donde Varsky dice “fue mi primer trabajo”, como orgulloso por eso, en una maniobra clara de limpiar la imagen de “pelotudo” que tiene un empleado de McDonald’s.

Elegía de la mula

“Una y otra vez giraba en redondo la mula, colocando delicadamente sus estrechas pezuñas, parecidas a las de un ciervo, sobre las crujientes médulas de las cañas; balanceando el cuello, tan flexible como un tubo de goma, dentro de la collera; haciendo aletear las desmayadas orejas sobre sus lomos llenos de mataduras y con los ojos medio cerrados -malignamente somnolientos- detrás de párpados descoloridos, aparentemente dormida gracias a la monotonía de su propio movimiento. Algún Cincinato de los campos de algodón debiera ambicionar su humilde destino; algún Homero debiera cantar la saga de la mula y de su función en el Sur. Ella, más que cualquier otra criatura o cosa, fue quien, fiel a la tierra cuando todos los demás flaqueaban ante la fuerza irresistible de las circunstancias, insensible -debido a su maligno y paciente interés en el inmediato presente- a los problemas que destrozaban el corazón de los hombres, rescató al Sur de su postración, apartándolo del tacón de hierro de la Reconstrucción y enseñándole de nuevo el orgullo mediante la humildad, el valor y el triunfo sobre la adversidad; ella fue la que consiguió lo que obstáculos insuperables hacían prácticamente imposible, gracias a su paciencia sin límites y a su espíritu vengativo. La mula no se parece ni a su padre ni a su madre; hijos e hijas no los tendrá nunca; es vengativa y paciente (es cosa sabida que trabajará diez años sin protestar para una misma persona por el privilegio de darle al fin una buena coz); solitaria pero sin orgullo, autosuficiente pero sin vanidad; su voz es una burla de sí misma. Paria miserable, no tiene ni amigos, ni esposo, ni amante ni nadie que la corteje; aunque célibe, no tiene deseos; no posee una columna ni una cueva en el desierto; no la asaltan las tentaciones, ni la flagelan los sueños ni la alivian las visiones; fe, esperanza y caridad no son virtudes suyas. Misántropa, trabaja seis días sin recompensa alguna para una criatura a la que odia, atada con cadenas a otra a la que desprecia, y emplea el séptimo día en dar coces a sus semejantes y en recibirlas de ellos. Incomprendida incluso por la criatura (el negro que la conduce) cuyos impulsos y procesos mentales más se parecen a los suyos, realiza actos que le son ajenos en ambientes igualmente ajenos; gana el pan no ya de una raza sino de toda una línea de comportamiento; mansa, permite que destruyan su herencia junto con su alma al cocerla después de muerta en una fábrica de cola. Fea, incansable y perversa, no se deja convencer ni por razones, ni por halagos ni por promesas; realiza sus humildes y monótonas tareas sin queja y su galardón son los golpes que recibe. Cuando está viva, la arrastran por el mundo, convertida en objeto de general abominación; y sin que nadie la llore, la honre o la cante, deja blanquear sus desgarbados y acusadores huesos entre latas oxidadas, pedazos de loza y neumáticos inservibles en las laderas de colinas solitarias, donde su carne se remonta, ignorante, sobre el azul del cielo, en el buche de los buitres.”

Banderas sobre el polvo, William Faulkner, 1929

El Gobierno abre el paraguas

Está bien que la sonada campaña de prevención del HIV implementada por el Gobierno tenga un jingle tan pegadizo y que esté dirigida a las clases populares (supongo que habrán estudiado el tema y llegado a la conclusión de que ese grupo social es el más propenso a no utilizar preservativo, y no se habrán basado solamente en el prejuicio), pero ¿qué onda con el “triki triki” y el “bang bang”? ¿Cuál es el problema en pronunciar las palabras prohibidas “forro” y “coger”? ¿Por qué no inventaron un jingle que diga “si no te ponés un forro te podés agarrar un sida galopante y como sos un negro piojoso que no tiene un mango y mucho menos obra social vas a terminar tirado en un roñoso hospital público porque nosotros no tenemos planeado proveerte los costosos medicamentos que vas a necesitar para vivir con sida puesto que preferimos gastar unas chirolas en estos cabecitas de Piola Vago que por el pancho y la coca nos hacen un jingle bien pelotudo como les gusta a ustedes y así no pueden después decir que no les avisamos, y entonces no vengan a llorar después y pedir monedas en el bondi y acusarnos a nosotros de que no les damos los medicamentos”?

“Es mentira que hace mal”

La Revista Barcelona ya sacó un diccionario de insultos llamado Puto el que lee, igual que este blog. Está todo bien, la frase “Puto el que lee” no es de mi autoría sino que es una especie de dicho popular (¿la acuñó Fontanarrosa?).

Pero en el último número, en la sección “Humor”, salió este chiste:

“-Así que este año vas a ir a la Creamfields.

-Sí.

-¿Andás con ganas de clavarte un bicho?

-Si, aunque si pinta una mina linda también me la volteo.”

Cualquier parecido con este post de hace más de cuatro años, supongo que es pura coincidencia. Igual mi versión es más graciosa.