Tuvimos nuestro caso García Belsunce: un crimen en el seno de una familia poderosa y con contactos, perpetrado tal vez (no se sabe) por gente de la propia familia que, utilizando su dinero y su poder, trataron de encubrir el hecho para zafar.
Después vino el caso Dalmasso: también en un country, clase alta, el condimento sexual, y otra vez los contactos (tuvo que renunciar el secretario de Seguridad de Córdoba) y la sospecha sobre el círculo íntimo: se pensó que la había mandado a matar su marido, y hasta que la había matado su hijo, con quien habría tenido una relación incestuosa.
En ambos casos hubo un perejil. En el caso Belsunce, era Nicolás Pachelo; en el caso Dalmasso, Gastón Zárate, a quien mucha gente salió a defender en una marcha que se llamó “el perejilazo”.
Hay otra cosa que los dos casos tienen en común: no se sabe quién mató a María Marta, tampoco se sabe quién mató a Norita.
Pero ahora la historia se repite a nivel mundial. El caso es aún más misterioso porque ni siquiera hay cadáver, y es todavía más morboso porque la víctima es una nena de casi cuatro años: Madeleine McCann, una rubia y adorable inglesita. Otra vez la seguridad violada: la nena desapareció de un resort en una exclusiva playa de Portugal. Otra vez un perejil: Robert Murat.
Una nota excelente sobre el caso Madeleine.
Y acá también pueden comprar merchandising.