Ernesto & Zoila

(…) Desde la primavera de 1958, el Che tenía una amante, la joven guajira Zoila Rodríguez. Joel Iglesias, el adolescente protegido del Che, fue testigo del fulminante enamoramiento. “En Las Vegas de Jibacoa, el Che se encontró con una muchacha negra, o más bien mulata, de un cuerpo muy hermoso, que se llama Zoila, y le simpatizó muchísimo. Muchas mujeres se volvían locas por él, pero en ese sentido fue muy estricto y respetuoso, sin embargo le gustó aquella joven.”

Madre soltera de dieciocho años, Zoila vivía con su padre cuando conoció al Che. “Eran como las cuatro de la tarde de un día que no recuerdo -evocó años después-. Yo estaba encerrando un ganado cuando llegó. Venía montado en un mulo… Estaba vestido de un verde raro, con una boina negra.” Iba en busca del padre de la chica, un colaborador de los rebeldes, para pedirle que herrara su mulo. El padre se había ausentado, y Zoila dijo que podía hacerlo. “Mientras herraba el mulo, lo miré de costado y me di cuenta que me estaba observando, pero miraba de la forma en que miran los jóvenes a las muchachas y me puse sumamente nerviosa. Cuando fui a la caja de los hierros para escoger una escofina, me preguntó qué iba a hacer y le expliqué que ya había cortado los cascos y tenía que emparejarlos para poder montar las herraduras. Guevara dijo que si era tan imprescindible dejarlos tan bonitos. Le respondí que así era. Él me siguió mirando de esa forma que les digo, era una mirada un poco pícara que parecía que me quería regañar por algo que yo no había hecho.”

Después de herrar la mula, Zoila le ofreció un café. Mientras lo sorbía, interrogó a Zoila sobre su vida. ¿Dónde había aprendido a herrar mulas? ¿Era casada o soltera? Si quería seducirla, lo consiguió. “Me impresionó mucho, la verdad es que no lo puedo negar, como mujer me gustó muchísimo, sobre todo la mirada, tenía unos ojos tan bellos, una sonrisa tan tranquila que movía cualquier corazón, conmovía a cualquier mujer.”

Más tarde, su padre le explicó con admiración quién era Guevara, un hombre extraordinario que había venido a liberarlos de la miseria y la desgracia. Poco después, Zoila empezó a hacer recados para los rebeldes y a veces se cruzaba con el Che, quien finalmente le pidió que se quedara en Minas del Frío. Ayudaba en la cocina y el hospital, y trabajaba muchas horas.

“Él me dijo que me admiraba y que admiraba a los campesinos por los trabajos difíciles que realizábamos -recuerda Zoila-… Me preguntaba muchas cosas de la Sierra Maestra, cómo se llamaban las plantas, para qué servían, especialmente las medicinales… Él quería conocer acerca de los animales y las aves del monte. En mí surgió un amor muy grande y muy lindo, me comprometí con él, no sólo como combatiente sino como mujer.”

Zoila permaneció junto al Che durante varios meses. Es interesante notar que aparentemente no trató de instruirla en política. Zoila recuerda que un día vio uno de sus libros y quedó asombrada al ver las letras doradas. “Le pregunté si eran de oro. Le dio gracia la pregunta, se rió y me respondió: ‘Este libro es de comunismo.’ Me dio pena preguntarle qué quería decir comunismo, porque esa palabra nunca la había escuchado.”

Che Guevara, una vida revolucionaria, Jon Lee Anderson, 1997

A Johnny Sack (in memoriam)

Dr. Rosen: -Mr. Sacrimoni, how are you today?

Johnny Sack: -Isn’t up to you to tell me?

Dr. Rosen: -I wish I had better news. Based on the latest pictures the cancer has continued to metastasize from the lungs. We’re now shown masses in the mediastinum lymph nodes, both kidneys and the brain.

Johnny Sack: -The headaches… So, the… lobectomy, radiation, the goddamn chemo… what was all that? For kicks?

Dr. Rosen: -Those were our options at the time.

Johnny Sack: -And now, what are our options?

Dr. Rosen: -Limited to the extent that I wouldn’t recommend any. At this point we’re looking at stage four small cell carcinoma of the lungs.

Johnny Sack: -And there’s no stage five…

Dr. Rosen: -That’s correct.

Johnny Sack: -How long?

Dr. Rosen: -Difficult to say. I have seen miracles over the years…

Johnny Sack: -Forget the miracles…

Dr. Rosen: -Three months. Give or take.

Johnny Sack: -Thank you for your candor. We have a plane back to Springfield.

(En el auto, yendo al aeropuerto con los guardias.)

Guardia: -How are you doing, John?

Johnny Sack: -It’s funny. Ironic. Whichever. I got here, I quit smoking after 38 years… exercized… ate right… and for what?

(Los Soprano)

Bárbaros

Boca ganaba 2 a 1 pero Quilmes -último en la tabla y casi descendido- lo estaba peloteando. Córner para Quilmes con el partido casi terminado, tanto que hasta el arquero cervecero fue a cabecear al área de Boca. En eso, de la tribuna xeneize tiran una piedra que le da a Diego Capria, que queda tirado.

Por suerte la cosa no pasó a mayores, sangraba un poco, le pusieron La Gotita, una venda, y lo poquito que quedaba del partido se jugó. Lo llamativo llegó después.

Entrevista después del partido de Gastón Recondo a Miguel Ángel Russo, DT de Boca.

GR: -¿Qué pensaste cuándo lo viste caído a Diego Capria? Habrás dicho “uy, no, qué lío, ahora suspenden el partido…”

MAR: -No, te digo la verdad, me preocupé porque al principio no sabía qué había pasado, pensé que le habían pegado a uno de los míos. Después, cuando ví que no, me tranquilicé un poco.

GR: -Ahora… qué inconsciencia la de los hinchas de Boca. Así como le pegaron a Capria, le podían haber pegado a uno de su propio equipo. Es una barbaridad.

Al rato, entrevista de Recondo con Diego Capria.

GR: -Contame, ¿cómo fue lo del proyectil?

DC: -Y, una de las tantas piedras que caen, esta vez me pegó justo en la cabeza. Pero bueno, eso es lo de menos. Yo rescato que Quilmes jugó de igual a igual contra Boca.

GR: -Ahora… quería destacar tu honestidad, porque algún otro jugador podría haber exagerado, haberse hecho el herido para suspendan el partido y ganar los tres puntos en el escritorio.

DC: -No, yo lo único que quería era levantarme lo más rápido posible para que se ejecute el córner. Yo los puntos los quiero ganar en la cancha.

Fever all through the night

No soy de enfermarme seguido, pero una vez por año siempre me agarro una linda gripe, más o menos por estas fechas. Supongo que tendrá que ver con que, al vestirme, suelo redondear para abajo.

Pero cuando me enfermo, me la banco. Té Vick, Refrianex, si puedo un poco de reposo, tele, y en un par de días se me pasa. No suelo llamar al médico porque ya sé lo que va a decir: que tengo una gripe, hay epidemia de virus, hacé reposo, tomá té Vick y Refrianex. Gracias, doctor, muy amable.

Pero hoy realmente me siento muy muy mal. Me duele la cabeza y siento que los globos oculares son pequeñas bolitas de fuego. Además estoy solo, en mi casa, sábado a la noche, y todo contribuye a sentirme realmente una piltrafa humana. Entonces decidí buscar el carnet de la obra social y llamar a urgencias. Sé que me va a decir lo mismo de siempre, pero voy a ver si no me da alguna pichicata para voltearme hasta el lunes y que la batalla contra el virus la libren los antibióticos conmigo durmiendo. Algo tiene que tener, algunos mangos le puedo tirar.

Llamé, pasadita la medianoche. Tardaron en atenderme, alrededor de un minuto: suerte que no estoy con un preinfarto o algo parecido. Me atienden, y no sé bien qué decir. Me acabo de dar cuenta de que las pocas veces que vino un médico de la obra social, lo llamó otra persona, no yo.

-Mirá, estoy engripado, tengo bastante fiebre, me siento muy mal, ¿podés mandar un médico?

-Cómo no.

(Me pide los datos)

-¿Cuánto va a demorar, más o menos?

-Entre tres y cuatro horas.

-¡¿Entre tres y cuatro horas?! Para ese momento espero estar durmiendo o sintiéndome mejor que ahora.

-Es la demora que tenemos. Si fuera una verdadera emergencia, mandaríamos una ambulancia.

Es como si me hubiera dicho: “Mirá, nene. ¿Por una gripecita me llamás? En la ciudad hay gente que la está pasando peor que vos, querido: derrames cerebrales, tiros en el abdomen, violaciones múltiples. ¿Y vos nos molestás por una gripecita? ¡Tomáte un Refrianex y unos tés Vick que ya se te va a pasar, pelotudo!”

Igual le pedí que lo mande. Pero dejo asentado en este post: si me encuentran muerto, la obra social es Osde Binario. Pidan justicia por mí. Sólo les pido que no se pongan remeras con mi cara.

Nuestro amo juega al esclavo

La ministra de Desarrollo Social y hermana del Presidente, Alicia Kirchner, luego de sufrir una agresión por parte de manifestantes, dijo que “la ciudad está tomada por violentos“.

Es en estos casos (de los que hubo para tirar al techo por las épocas del 2002), en donde reluce en todo su esplendor la famosa frase del Indio Solari.

Señora Kirchner, sepa algo: violencia es mentir.

Update: gracias al siempre revelador blog de Papipo di con esta entrevista en donde Javier Pérez Gallart, presidente de la Asociación de Abogados de Río Gallegos, dice que el temita del escrache a la ministra fue una operación política de ella. Una especie de curitagate. De todos modos, el post vale. Aunque no hubiera sido una operación -pero si lo fue, tanto peor-, la violencia no nace, precisamente, de un huevo.

La parte del ternero

El último libro de Andrés Rivera, Por la espalda, tiene un epígrafe de Bertolt Brecht que me pareció bastante genial:

“Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.”

Todos los pilotos muertos

Leí una vez una entrevista a Juan Carlos Onetti, en donde hablaba del comienzo de su amor por William Faulkner: “Pues, como te digo, yo iba caminando y me encuentro con una revista que me había comprado y ojeado y me encuentro con un cuento que se llama ‘Todos los aviadores muertos’, o ‘Todos los pilotos muertos’, y empecé a leer eso y fué un deslumbramiento tal que me senté en un café hasta terminarlo. Me dio la sensación de que aquel era un genio, para mí era un genio.”

Nunca había podido dar con ese cuento. En la web no lo encontré. Sus cuentos completos se publicaron en 1950 bajo el título Collected Stories, agrupados por él mismo en seis secciones temáticas: “The Country”, “The Village”, “The Wilderness”, “The Wasteland”, “The Middle Ground” y “Beyond”. En castellano, esos cuentos se publicaron en dos volumenes: El campo, el pueblo, el yermo lo conseguí un día en Parque Rivadavia (un viejo me vio comprándolo y me dio un abrazo, literalmente me abrazó); obviamente, “Todos los pilotos muertos” se encontraba en el otro volumen, titulado en castellano De esta tierra y más allá. Nunca di con ese libro, aunque se puede comprar on line por ocho euros (y de hecho estaba esperando mudarme para hacerlo).

Hoy estaba en la Biblioteca del Congreso y se me ocurrió poner “Faulkner” en la computadora. Aparecieron como quince ediciones diferentes de El sonido y la furia, pero sólo dos libros de cuentos, y ninguno de ellos era De esta tierra y más allá. Para colmo, los dos libros tenían un número de ubicación que, según los cartelitos pegados con cinta scotch estatal, no estaban disponibles. Por las dudas pregunté: una chica me dijo “probá, quizás están”. Probé: de los dos, había uno. Era un volumen de cuentos viejísimo, bastante roto, que se llamaba Victoria. Busqué el índice con ansiedad, pero sin fe. Y encontré lo que buscaba.

El título del cuento, sin embargo, está traducido como “Todos los pilotos”, a secas (en inglés se llama “All the Dead Pilots”). Eso me hace desconfiar un poco de la traducción, aunque a simple vista no hay palabras tipo “gimplar”, ni “cruasán”. Incluso en una parte se habla de “un bidón de nafta” (y no de “una cuba de gasolina”, por ejemplo).

Pero no quiero continuar machacando con las traducciones, y no es sobre eso este post. Les dejo el cuento, Todos los pilotos muertos, para que me digan por mail si, igual que a mí, se les puso la piel de gallina cuando leyeron la última línea.