“A la concha de tu madre, quiero ir.”

Una de las cosas que más me irritan en el mundo, es cuando por la calle le pregunto a alguien “¿para qué lado es Av. la Plata?” y me contestan “¿Av. la Plata y qué?”.

O cuando pregunto “¿dónde es la parada del 64?” y me contestan “¿a dónde querés ir?”.

(Si tuviera comentarios, apuesto plata a que saldría algún pelotudo a observar que si yo no doy el dato de si quiero ir para Belgrano o para Congreso, el transeúnte interpelado no sabría indicarme si la parada está sobre Ecuador o sobre Pueyrredón. Fuck off.)

Pero a mí eso de que me contesten con una pregunta me cae bastante pesadito. Incluso me molesta cualquier respuesta que no sea “para allá” o “no sé”.

Y hoy las cosas terminaron de irse a la mierda.

-¿Dónde queda Lafuente al 1100? -fue mi pregunta.

Y el tipo, con tono solícito, me preguntó:

-¿A dónde querés ir?

Al final me tuve que tomar un taxi.

Fe

“Desde muchos años atrás yo había sabido que era necesario meter en la misma bolsa a los católicos, los freudianos, los marxistas y los patriotas. Quiero decir: a cualquiera que tuviese fe, no importa en qué cosa; a cualquiera que opine, sepa o actúe repitiendo pensamientos aprendidos o heredados. Un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre. La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal; es bueno escucharlos asintiendo, medir en silencio cauteloso y cortés la intensidad de sus lepras y darles siempre la razón. Y la fe puede ser puesta y atizada en lo más desdeñable y subjetivo. En la turnante mujer amada, en un perro, en un equipo de fútbol, en un número de ruleta, en la vocación de toda una vida.

El leproso se exalta cuando tropieza, suda olores fosfóricos frente a la oposición más pequeña o sospechada, busca afirmarse -afirmar la fe- pisando cabezas o intimidades tiernas, sagradas. Para concluir -pienso en Pablo y en su edad- un hombre contaminado por cualquier clase de fe llega velozmente a confundirla consigo mismo; entonces es la vanidad la que ataca y se defiende. Con la ayuda de Dios, es mejor no encontrarlos en el camino; con la ayuda propia, es mejor cambiar de vereda.

Y si alguna noche Pablo me preguntó con desafío y lástima qué le habría o hubiera ocurrido al mundo, a los hombres, si no tuviesen fe bastante para progresar, yo moví la cabeza y medí silencioso la distancia que separa a los maumau de los campos de concentración, del genocidio y de los animales ávidos que gobiernan el mundo.”

Dejemos hablar al viento, Juan Carlos Onetti (1979)

(… o una idea bellamente desarrollada, que ya tuvieron Maslíah, Melville y seguramente muchos otros)

Your name is Déborah… Déborah…

Déborah François

La conocí el año pasado en Pantalla Pinamar, no sólo por verla en la espléndida El niño de los Hnos. Dardenne, sino también porque estaba invitada al festival.

Acabo de volver a verla en su segunda película, La tourneuse de pages. En este momento no se me ocurre la posibilidad de la existencia de una mujer más linda que ella.

Se llama Déborah François y los interesados que anden por aquí por Mar del Plata, tienen una última oportunidad de verla mañana domingo a las 20:30 en Del Paseo 3. O sino, está el viejo y querido e-mule: L’enfant (2005) / La tourneuse de pages (2006).

Déborah, clavame en el pie todos los cellos que quieras, mi amorrrrrrrrr.