La diferencia entre un tipo inteligente y un pelotudo, utilizando como patrón de medida a Ricardo Darín.
Monthly Archives: February 2005
La espina ya está clavada
No sé por qué todo el mundo se sorprende por el hecho de que el líder de Callejeros le haya dado una primera entrevista a González Oro en Radio 10.
Desde la primicia de Chiche Gelblung con los secuestradores de Ramallo, hasta la exclusiva del Padre Grassi entregándose ante las cámaras de Canal 9, los medios de Hadad suelen llegar a los delincuentes antes que nadie.
Si alguien tenía alguna duda de la responsabilidad de Callejeros en la masacre (no es mi caso), creo que ya debería haber sido despejada.
Who do we shoot?
Un señor elegante, en un elegante auto, llega a la granja de Muley con la orden de que se vayan y desocupen la tierra:
-Fact of the matter, Muley, after what them dusters done to the land, the tenant system don’t work no more. You don’t even break even, much less show a profit. Why, one man and a tractor can handle 12 or 14 of these places. You just pay him a wage and take all the crop.
-Yeah, but we couldn’t do on any less than what our share is now. Well, the children ain’t gettin’ enough to eat as it is. And they’re so ragged… We’d be ashamed if everybody else’s children wasn’t the same way.
-I can’t help that. All I know is I got my orders. They told me to tell you to get off, and that’s what I’m tellin’ ya.
-You mean get off my own land?
-Now, don’t go to blamin’ me. It ain’t my fault.
- Whose fault is it?
- You know who owns the land… The Shawnee Land and Cattle Company.
- And who’s the Shawnee Land and Cattle Company?
- It ain’t nobody. It’s a company.
-They got a president, ain’t they? They got somebody that knows what a shotgun’s for, ain’t they?
-Oh, son, it ain’t his fault, because the bank tells him what to do.
-All right, where’s the bank?
-Tulsa. And what’s the use of pickin’ on him? He ain’t nothin’ but the manager, and he’s half crazy himself tryin’ to keepin’ up with his orders from the East.
-Then who do we shoot?
Este es un diálogo de The Grapes of Wrath, de John Ford. Ford era un republicano y muchos progres de telgopor detestan sus películas en donde los indios son malísimos y los blancos sufren y son las víctimas. Pero en el año ’40, nos regaló este diálogo brillante y pesimista que más o menos ilustra el germen de casi todos los problemas de hoy en día.
Sépalo: hay un blog mejor que este (ah, ¿ya lo sabía?)
Este blog está muriendo, pero Barra de seriales está cada día mejor. Es una especie de Intrusos en el Espectáculo Meta-Periodístico, mezclado con humor satiriconesco (primera época, no segunda, ni tercera, ni cuarta, ni millonésima) y mucha, pero mucha hiel.
El post sobre los dos magnates mediáticos es desopilante, sobre todo porque es cierto. El de la cocaína en Southern Winds, sin desperdicio.
Greatest Hit
Mejor me dejo de joder y empiezo a hacerme a la idea de que jamás de los jamases voy a escribir un post tan bueno como este.
Oneliner
“Sabés que te estás volviendo viejo cuando las velas te cuestan más dinero que la torta.”
Bob Hope
Bayly, Bolaño y yo
Naturalmente, la primera impresión que tuve de Jaime Bayly fue la de que era un pelotudo. Lo conocí, supongo que como la mayoría de los argentinos, a mediados de los ’90, cuando creo que Canal 9 transmitía sus entrevistas desde Miami, a medianoche. Y detesté, supongo que como la mayoría de los argentinos, su flequillito, su sonrisa melosa, su apología animal del capitalismo.
En enero de 2002 tuve la suerte de conocer Lima de la mano de un amigo peruano que ofició de guía a la vez geográfico e intelectual. Víctor era filósofo pero trabajaba en un diario, que supongo que es como ser chef y trabajar en Pancho 46. Me contó que soñaba con conocer Buenos Aires porque cuando era chico su mamá le compraba la Billiken y todos los mayos armaba el Cabildo troquelado sin saber muy bien qué coño significaba.
Hablamos de literatura: a él le gustaba demasiado Sabato, yo tuve que confesar que no había leído nada de Vargas Llosa, él me recomendó a un para mi desconocido hasta ese momento Bryce Echenique, yo le regalé una edición repleta de anotaciones del Adán Buenosayres… y me habló de Jaime Bayly.
Por cortesía, no le dije lo que pensaba. Lo escuché, y me habló maravillas de un libro llamado Los últimos días de “La Prensa”, sobre la decadencia de un periódico limeño. Yo sabía que Bayly escribía, ya había visto en Buenos Aires esas pilas hermosas de ejemplares de La noche es virgen, pero jamás se me había ocurrido tomármelo muy en serio. Si no leía a Vargas Llosa por su ideología, mucho menos leería a Bayly. Víctor, sin embargo, me pintó a un Bayly lejanísimo del estereotipo que yo tenía. En Perú era un periodista respetadísimo, era un escritor verdadero.
Después Bayly empezó a venir a Buenos Aires y se hicieron costumbre sus apariciones en el programa de Chiche Gelblung. Habló de su bisexualidad, de las drogas. A la vez que yo iba creciendo y, por lo tanto, volviéndome más cínico y menos idealista, fui percibiendo a un Bayly menos desagradable y más inteligente. Lejos estaba, de todas formas, de intentar leer alguna novela suya.
El otro día estaba en San Bernardo, al día siguiente de haber visto a Fatboy Slim (como Bayly, otro admirable nerd), en el fin de semana de enero más frío en veinte años. Sumido en la lectura voraz de 2666, como habrán visto en varios posts anteriores, las balas aliadas aún retumbaban en mi cabeza mientras el soldado Hans Reiter leía sobre las vicisitudes de un judío comunista ruso y yo leía sobre Reiter que leía sobre las vicisitudes de un judío comunista ruso, y decido tomar un poco de aire, mojarme con la lluvia marina aunque sea para despabilarme porque la prosa de Bolaño me entraba por los ojos y se alojaba en mi cerebro y ya me daba la sensación de que se estaba transformando en tumor maligno inoperable.
Entré en una librería y allí estaba: una pila hermosa de ejemplares de la última novela de Jaime Bayly, El huracán lleva tu nombre. Un título hermosamente melodramático. Abrí un libro y en la primera página, cuatro citas sobre el amor, todas de Bolaño, todas de distintas novelas. Recuerdo dos, que reproduzco de memoria: “El amor, como la tos, no se puede ocultar” y “El amor nunca trae nada bueno, siempre trae algo mejor”.
Una cita de Bolaño indicaría sólo que el autor tiene buen gusto. Cuatro citas de cuatro novelas diferentes son un acto de amor, un hermoso homenaje.
Yo no tendría que haber escrito este post. Tendría que haber terminado de leer las casi cien páginas que me quedan de 2666, tendría que haber salido corriendo a comprar El huracán lleva tu nombre, lo tendría que haber leído, y recién ahí, tendría que haber escrito algo, tendría que haber citado un par de frases de Bayly, tendría que haber hablado del amor, de Bolaño, de Perú, de Chile, de Latinoamérica, de la escritura…
Pero es que todavía dudo que vaya a leer a Bayly. No sé… no me trago ese flequillo.