Café colombiano: en Europa no se consigue

Tinelli presenta a los gritos a Robbie Williams, ante una multitud de adolescentes. El pibe sale, canta un tema, corre de un lado para el otro, suda como un cerdo. Después de cantar, Tinelli llama a una intérprete, y le dice lo de siempre: “¿Cómo encontraste Argentina?” (“Más abajo de Brasil”, habría sido una respuesta beatle), “¿Te gustan las chicas argentinas?”, etc. Ya sin demasiado más que preguntar, le dice: “¡Cuánta energía, Robbie!”, y a Robbie Williams se le escapa una sonrisa pícara y contesta: “It’s because of your coffee”.

Géminis

Cuando a alguien le preguntan en una entrevista la típica “cuál es tu peor defecto”, siempre me quedo pensando en qué contestaría yo. Nunca di con una respuesta, pero no porque considere que no tengo defectos, sino porque sé que tengo tantos que no sé cuál es el peor.

Es cierto también (no me olvido) que dije por acá que me enorgullezco de mis defectos, y es una verdad a medias. En realidad me enorgullezco de los que yo creo que no son defectos, sino virtudes. Que el prójimo los vea como defectos, me importa poco. Y sacando esos ejemplos, igual quedan varios defectos que son tales para el prójimo y también para mí.

Pero ya me di cuenta de cuál es el peor de todos, o al menos el que más interfiere en mi vida y me molesta (es decir, es un defecto que me molesta a mí más que a los demás, porque el hecho de que yo sea egoísta, por ejemplo, a mí no me molesta tanto como al prójimo, entonces baja en el ranking de importancia; es un curioso caso de retroalimentación). Decía: el que más me molesta es el de necesitar todo el tiempo tener una opinión formada sobre todo, y el de sentir el impulso de discutir sobre esas opiniones con otra gente que no las comparte.

Parece una boludez, pero ese defecto me ha metido en berenjenales insalvables, he perdido horas de vida tipeando mails, escribiendo en Foros, o hablando a los gritos en bares.

El otro día leía una entrevista a Sebastián Wainraich, el notero de Indomables, en donde contaba que antes de laburar de notero, fue panelista durante unos días. Y que esos días la pasó muy mal porque no pudo meter ni un solo bocadillo, siempre estaba callado. El periodista le preguntó por qué, y Wainraich, después de pensarlo, contestó: “Porque yo nunca tengo una opinión sobre nada”.

Esa reflexión, que él hacía con cierta cautela y sutil vergüenza, me llenó de envidia.

Comparaciones odiosas

Me divierte cada tanto recorrer The World Factbook, una sección de la página de la CIA con mucha data sobre todos los países del mundo. Lo más divertido es ver el apartado Area comparative, en donde se compara el tamaño del país en cuestión con un estado yanqui, como para fomentar el ombliguismo del país del Norte.

Me explico: Angola es “apenas más chica que el doble de Texas”, Corea del Sur es “apenas más grande que Indiana”, Rumania es “apenas más chica que Oregon”. No siempre la comparación es tan simple, pero igual la hacen: la Argentina es “apenas más chica que 3/10 del tamaño de los Estados Unidos”. Ajá, ahora sí me doy una idea.

Sin comentarios

Voy a decir una sola cosa: hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, yo le decía a Lola que habilitara los comments. Hoy los estoy deshabilitando yo. Hay algo de sabiduría en las mujeres. Tratemos de aprender de ellas.