Make-up sex

JERRY: -Well, at least you probably had some, uh, pretty good make-up sex after.

GEORGE: -I didn’t have any sex.

JERRY: -You didn’t have make-up sex? How could you not have make-up sex? I mean that’s the best feature of the heavy relationship.

GEORGE: -I didn’t have make-up sex.

JERRY: -In your situation the only sex you’re going to have better than make-up sex is if you’re sent to prison and you have a conjugal visit.

Fuck

“We train young men to drop fire on people but their commanders won’t allow them to write ‘fuck‘ on their aeroplanes because it’s obscene. The horror. The horror.”

Últimas palabras de Marlon Brando en Apocalypse Now

No aclares que oscurece

Una amiga mía estuvo de vacaciones en Brasil y volvió un poco descontrolada. No es precisamente una chica pacata, pero tampoco le gusta andar haciendo alarde de su lascivia y concupiscencia. Charlando, empezamos a tirarle de la lengua para que nos contara. Ella no mentía, no ocultaba, pero le bajaba el tono a las anécdotas. El bajo perfil, ante todo.

Entonces llegó la pregunta clásica, infaltable, casi majulesca. “¿Es verdad que los negros tienen la poronga gigante?”, le preguntamos. Y ella, un poco avergonzada (pero sólo un poco), y tratando de bajarle los decibeles a la conversación, contestó: “No todos”.

Mistery

Uno de los primeros posts de este blog (que ya va para un año) era una cita de una canción de los Flaming Lips que decía: “I don’t know where the sunbeams end / and the starlight begins / is all a mistery”.

Bueno, sigo sin saberlo.

Devociones

Haroldo ContiPasó tiempo hasta que fui capaz de disfrutar de Haroldo Conti. Acostumbrado a los finales sorpresivos de Cortázar, o a los argumentos intrincados de Borges, me aburrían los cuentos de Conti, en los que “nunca pasa nada”. Y no es que no pase, porque pasar, pasa; pero es que Conti logra contar lo simple, las naderías cotidianas, de una manera deliciosa, sutil y florida. Las novelas no sé, pero los cuentos de Haroldo Conti son un placer absoluto.

Leyendo sus cuentos se hace aún más difícil comprender cómo pudo ser que en la noche del 4 de mayo del ’76 una brigada del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Argentino entró en su casa, durmió a su hijita con cloroformo, lo golpeó, encapuchó a su mujer ante el llanto del bebé de ambos y los sometió a un interrogatorio. Resulta siniestro, tan siniestro como de costumbre, saber que esa noche se lo llevaron y que nunca más apareció.

Les dejo uno de mis cuentos preferidos de Conti, que viene a ser, por lo tanto, uno de mis cuentos preferidos en general: se llama Devociones, y fue publicado un año antes de su secuestro, en el libro de cuentos La balada del álamo carolina.

Ser cool o ser cooler

El cooler de mi computadora está empezando a hacer un ruidito sumamente molesto. Mi mamá descubrió que si ponés el pie sobre el hub, el ruidito desaparece. Pero mi pantorrilla no cabe, entonces tengo que apoyar la mitad delantera del pie y dejar el talón en el aire. Diez minutos en esta posición, y me termina doliendo el tobillo. Todo se solucionaría poniéndole aceite o cambiándolo por otro. Pero no, es toda una movida. Me parece que voy a tratar de tapar el ruidito con música. ¿Qué puedo poner? Quizás el último de Calamaro. Andrés tiene un timbre de voz similar al de mi cooler.

Post dedicado al personaje que interpreta Jim Jarmusch en “Blue in the Face”

Estoy dejando de fumar.

No sé por qué utilizo el presente continuo. Debería decir: dejé de fumar.

“Hace un mes que no fumo” queda mejor, pero no da cuenta de mi intención de no volver a hacerlo.

No hay vuelta que darle: dejé de fumar.

Ahora estoy en la etapa de encontrarle un sentido a mi existencia smokeless. Dicen que uno se siente mejor, que tiene mejor aliento, que sus dientes se blanquean, que puede correr el colectivo sin morir en el intento, etc. Yo no siento ninguna mejoría clara (no acostumbro correr colectivos, es cierto), más allá de haber reducido considerablemente las posibilidades de contraer cáncer de pulmón en el mediano plazo.

Y es por eso que dejé, solamente por eso. No me importan el mal aliento, los dientes (y los dedos) amarillos, gastar plata, molestar al prójimo. Lo único que yo no quiero es morirme antes de tiempo. Ese es mi plan maquiavélico, vivir la mayor cantidad de tiempo posible.

Pero qué bueno que sería fumarme un puchito. Deberían existir los cigarrillos cancer free, como existen los chicles sugar free o la coca light. Eso, o la vacuna contra el cáncer. Elijan ustedes, amigos científicos.