I’d do it too, if I knew how

Paul es un norteamericano que vive en París y cuya mujer, Rosa, se mata cortándose las venas en la bañera. El suicidio toma a Paul de sorpresa y más aún lo que descubre luego: Rosa tenía un amante llamado Marcel, que tampoco conoce el motivo del suicidio. Invadido por el dolor, la bronca, el shock y la duda, Paul le habla a Rosa, en su ataúd.

La escena es de Último tango en París, de Bernardo Bertolucci; Paul es Marlon Brando. Si tuviera que elegir una escena que demuestre la calidad y el genio de un actor, sería esa. Definitivamente.

El siguiente es el monólogo de Brando ante el cadáver de su mujer.

“You look ridiculous in that make-up. Like the caricature of a whore. A little touch of Mommy in the night. Fake Ophelia drowned in the bathtub. I wish you could see yourself. You’d really laugh. You’re your mother’s masterpiece. Christ! There are too many fucking flowers in this place. I can’t breathe. You know on the top of the closet? The cardboard box, I found all your… I found all your little goodies. Pens, keychains, foreign money, French ticklers, the whole shot. Even a clergyman’s collar. I didn’t know you collected all those little knick-knacks left behind. Even if the husband lives 200 fucking years, he’s never going to be able to discover his wife’s real nature. I mean, I… I might be able to comprehend the universe, but I’ll never discover the truth about you. Never. I mean, who the hell were you? Remember that day, the first day I was there? I knew that I couldn’t get into your pants unless I said… What did I say? Oh, yeah. ‘May I have my bill, please? I have to leave.’ Remember? Last night I ripped off the lights on your mother. And the whole joint went bananas. All your… guests… as you used to call them… Well, I guess that includes me, doesn’t it? It does include me, doesn’t it? For five years, I was more a guest in this fucking flophouse than a husband. With privileges, of course. And then, to help me understand you, you let me inherit Marcel. The husband’s double, whose room was the double of ours. And you know what? I didn’t even have the guts to ask him. Didn’t have the guts to ask him if the same numbers you and I did were the same numbers you did with him. Our marriage was nothing more than a foxhole for you. And all it took for you to get out was a 35-cent razor and a tub full of water. You cheap, goddamn, fucking, godforsaken whore. I hope you rot in hell. You’re worse than the dirtiest street pig anybody could find, and you know why? You know why? Because you lied. You lied to me and I trusted you. You lied. You knew you were lying! Go on, tell me you didn’t lie. Haven’t you got anything to say about that? You can think up something, can’t you? Go on, tell me something! Smile, you cunt! Go on, tell me… tell me something sweet. Smile at me and say I just misunderstood. Go on, tell me. You pig-fucker! You goddamn, fucking, pig-fucking liar. Rosa, I’m sorry… I just can’t… I can’t stand it… to see these goddamn things. You never wore make-up. This fucking shit. I’m gonna take this off your mouth. This lipstick… Rosa… Oh, God! I’m sorry. I don’t know why you did it. I’d do it too, if I knew how. I just don’t know how.”

El sexo en la tercera edad

El abuelo de un amigo está senil y vive en un geriátrico. Las enfermeras le dijeron un día a la mamá de mi amigo que su padre las toqueteaba de manera indecorosa. Mi amigo fue a visitarlo y le dijo que no lo hiciera más, y el abuelo le explicó que como ellas lo bañaban, le daban de comer, le hacían la cama, y todo eso, él suponía que, bueno, en fin. El viejo se creía que estaba en una especie de spa-cabaret.

Las enfermeras siguieron quejándose, hasta que la mamá de mi amigo fue un día y le dijo a su padre: “Pero papá, pensá que esas chicas son menores de edad.” Era mentira, claro, pero el viejo se asustó y respondió: “No, claro, si yo no hice nada. Imaginate, son unas nenas.” Al mismo tiempo, le pusieron una enfermera exclusiva para él.

A los pocos días, fue mi amigo a visitarlo, y le preguntó: “¿Y? ¿Cómo andan las cosas con tu nueva enfermera?” y el abuelo le contestó: “Muy bien. Pero mirá que entre nosotros no pasa nada, ¿eh?”

Un cuento

Una vez superados los clásicos pecados de juventud (Charles Bukowski, Henry Miller), descubrí a Osvaldo Lamborghini. Y ningún otro texto me regocijó tanto como El Fiord. Escrito a fines de los sesenta, antes aún del Cordobazo, Lamborghini escupió 25 párrafos de una fuerza incomparable y sangrante. La violencia política ilustrada mediante la violencia sexual, un vale todo escalofriante que deja al autor de Mujeres más cerca de los Hermanos Grimm que de otra cosa.

Desprolijo y musical, Osvaldo Lamborghini (no confundir con su hermano Leónidas) editó sólo tres libros en vida, que se vendían en una sola librería, y bajo pedido. Cuando lean El Fiord van a entender por qué. Murió en Barcelona, a los 45 años, haciendo collages con revistas pornográficas.

Lean El Fiord y después me cuentan.

Un cínico ejercitado

“Como puesta ante un apacible e inofensivo misterio, que puede serlo, con ganas de hablar, que a mí me faltan, me cuenta de su gato.

Es, sí. Claro que es; pero… Ante todo, como es huérfano, recogido por compasión, se ignora su ascendencia. Es gato y le agrada el agua. De las acequias no prefiere los albañales, sino la corriente barrosa. Se lanza acezante, pisa fuerte y salpica: hunde las fauces y hace que toma, pero no toma, porque es de puro goloso que lo hace. Puede pensarse que no es un gato, que es un perro. También por su actitud indiferente en presencia de los demás gatos. Pero es que asimismo se limita a observar desde lejos a los perros y ni siquiera se enardece frente a una pelea callejera. Como al emitir la voz desafina espantosamente y además es ronco, no puede saberse si maúlla o ladra.

Hago como que me asombro. Pero no abro la boca, porque de preguntar o comentar me preguntaría por qué pienso así y tendría que explicar y complicarme en un diálogo. Empero ya no me habla: se habla. Revisa lo que sabe y quiere saber más.

Es gato y le gusta el agua. Eso no autoriza a concluir que sea un perro. Ni siquiera está la cuestión en que sea perro o gato, porque ni uno ni otro vuelan, y este animalito vuela; desde hace unos días se ha puesto a volar.

Yo espero que me pregunte si creo que se trata de una brujería. Pero no; al parecer, no cree en eso. Yo tampoco; aunque lo pensé. Mejor dicho, pensé que ella lo pensaba. Pero no.

­¿No te maravillas?

­Sí; seguramente. Me maravillo. Cómo no. Me maravillo.

Podría maravillarme, cómo no. Pero no. Puedo maravillarme porque el gato-perro vuela. Pero es que no sólo hablo. Estoy pensando. Pienso que ella supone que he de maravillarme porque lo que creyó era gato puede ser perro o lo que puede ser gato o perro puede ser un ave o cualquier otro animal que vuele. Debiera maravillarme porque, lo que se cree que es, no es. No puedo. ¿Acaso me maravilla que tú no seas lo que tu esposo cree que eres? ¿Acaso me maravilla no ser lo que mi esposa cree que soy? Tu animalejo es un cínico, nada más. Un cínico ejercitado. ”

Antonio Di Bendetto, Volamos (1953)

Título de títulos

“Un nombre es lo más importante que uno puede tener”, decía la publicidad de un banco (que no pensaba que lo más importante que uno podía tener eran sus ahorros, claro).

Siempre me interesaron los buenos títulos, un buen título me puede. Siempre me pareció una pena que La metamorfosis se llamara así, o que El padrino tuviera ese título tan descriptivo, chato y poco original.

Acá va una lista de títulos que me fascinaron:

Matando enanos a garrotazos, libro de cuentos de Alberto Laiseca.

Que se mueran los feos, novela de Boris Vian.

Retrato de un hombre invisible, primera parte de la novela de Paul Auster La invención de la soledad (que tampoco es un mal título).

Película mala, aburrida, inacabable, film coreano del director Jang Sun-Woo (que dura 144 minutos, pero no es ni malo ni aburrido y, por cierto, tampoco inacabable).

Maldición eterna a quien lea estas páginas, novela de Manuel Puig (La traición de Rita Hayworth también es un gran título).

Menos que cero, novela de Bret Easton Ellis (también Glamorama es un gran título).

La virgen desnudada por sus pretendientes, película coreana del director Hong Sang-Soo.

La vida está en otra parte, novela de Milan Kundera.

Las versiones largas de títulos de películas de Leonardo Favio como por ejemplo Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más… o La vida de Juan Moreira, en colores, con sonido y todo. A pedido del cariñoso público.

También están los famosos títulos largos de Lina Wertmüller, como Película de amor y anarquía, o bien ‘esta mañana a la diez en el prostíbulo de la calle Fiori’ o El fin del mundo en nuestra cama en una noche llena de lluvia o Hecho de sangre entre dos hombres por culpa de una viuda… se sospechan móviles políticos, las tres con Giancarlo Giannini.

Las viejas travestis, libro de relatos de Copi (el autor también tiene una historieta intitulada Las viejas putas).

, película argentina de Edgardo Cozarinsky.

MMM, MMM, MMM, MMM, corte de difusión del disco God shuffled his feet, de los Crash Test Dummies.

Nueva refutación del tiempo, ensayo de Borges incluído en el libro Otras inquisiciones. (“No se me oculta que [el título] es un ejemplo del monstruo que los lógicos han denominado contradictio in adjectio, porque decir que es nueva (o antigua) una refutación del tiempo es atribuirle un predicado de índole temporal, que instaura la noción que el sujeto quiere destruir. Lo dejo, sin embargo, para que su ligerísima burla pruebe que no exagero la importancia de estos juegos verbales.”)

Prólogos con un prólogo de prólogos, libro de recopilación de prólogos de Borges, con un prólogo a los prólogos. (“Creo innecesario aclarar que Prólogo de prólogos no es una locución hebrea superlativa a la manera de Cantar de Cantares, Noche de las Noches o Rey de Reyes.”)