Morir es una costumbre / que sabe tener la gente

Ella es una morocha de 17 años, le dicen “La Pequinesa”. De novia hace más de siete meses con un chico de su edad, diestro con el cuchillo, con el que frecuentaba El Teatro. Pero conoció a Federico Medina, uno más grande, de veinte. Y lo invitó a bailar.

Dicen los que estaban ahí que los dos pibes se miraron toda la noche. Probablemente bastó una mirada demasiado penetrante, o un movimiento de labios, para que se desatara la tormenta. Luego de un intercambio de golpes de puño (mero prólogo para el acero, diría el que ya saben), uno le asestó tres certeras puñaladas al otro.

Si esto hubiera pasado hace cien años, los chicos habrían sido “malevos”, La Pequinesa una “china” (con el mismo apodo, es perfecto), El Teatro una “pulpería” y las cumbias un tango primitivo. Borges habría mencionado el hecho oblicuamente en alguno de sus cuentos, ensalzando la sangre y construyendo un mito.

Pero pasó ahora, y lo único que provoca es tiempo en los noticieros, indignación de las viejas en la peluquería, legajos en juzgados, debates en talk shows y obituarias en los diarios.

Qué poco ánimo literario el de mis contemporáneos.

El estado de las cosas

El otro día estábamos con una chica muy fumados, andando en auto por Palermo, ella manejaba. Encontramos un lugar para estacionar fácil, alrededor de diez o quince metros de vacío en el cordón, ideal para el estado en el que ella se encontraba. Aún así, le estaba costando arrimar el auto y dejarlo a la distancia perfecta. Enfrente, un Policía nos miraba.

Entonces ella dice que la única forma de disimular es que yo empiece a gritarle y a darle indicaciones y a retarla, para que el Policía crea que somos una típica pareja y ella es una típica mujer poco dotada para el estacionamiento.

Hacer el ridículo para pasar desapercibidos. Así anda el mundo.

Yo tomo

Una reflexión sobre la ley seca.

“La emisora de radio que escucho pertenece al Estado, por eso no hay anuncios y entre noticia y noticia ponen las últimas canciones de éxito. La emisora de al lado es privada, así que la música es reemplazada por los anuncios, pero éstos se parecen a las canciones hasta tal punto que nunca sé qué emisora estoy oyendo, y lo sé menos aún porque me duermo una y otra vez. Entre sueños me entero de que desde el final de la guerra ha habido en Europa dos millones de muertos en las carreteras, en Francia todos los años un promedio de diez mil muertos y trescientos mil heridos, todo un ejército de gente sin piernas, sin manos, sin orejas, sin ojos. El diputado Bertrand Bertrand (este nombre es hermoso como una nana), indignado por el terrible balance había hecho algo estupendo, pero para entonces ya me había dormido del todo y no lo supe hasta media hora después, cuando repitieron la noticia: el diputado Bertrand Bertrand, cuyo nombre es hermoso como una nana, había presentado en el Parlamento un proyecto para que se prohibiera la publicidad de la cerveza. En la cámara de diputados se produjo con ese motivo un tormentoso debate, muchos diputados se pronunciaron en contra del proyecto, apoyados por los representantes de la radio y la televisión, porque con la prohibición de los anuncios de cerveza perderían mucho dinero. Después se oye la voz de Bertrand Bertrand: habla de la lucha contra la muerte, de la lucha por la vida. La palabra ‘lucha’ se repite durante la breve intervención unas cinco veces y eso me recuerda inmediatamente mi antigua patria, Praga, las banderas, los carteles, la lucha por la felicidad, la lucha por la justicia, la lucha por el futuro, la lucha por la paz; la lucha por la paz hasta la destrucción de todos por todos, añadía el sabio pueblo checo. Pero ya duermo otra vez (cada vez que alguien pronuncia el nombre de Bertrand Bertrand caigo en un dulce sueño) y cuando despierto oigo un comentario sobre jardinería, de modo que rápidamente muevo el botón hasta la emisora más próxima. Allí se habla del diputado Bertrand Bertrand y de la prohibición de los anuncios de cerveza. Lentamente comienzo a entender las conexiones lógicas: la gente muere en los coches como en un campo de batalla, pero no es posible prohibir los coches porque son el orgullo del hombre moderno; cierto porcentaje de accidentes se debe a que los conductores están borrachos, pero no es posible prohibir el vino porque es desde siempre la gloria de Francia; cierto porcentaje de borracheras es provocado por la cerveza, pero tampoco es posible prohibir la cerveza porque eso entraría en contradicción con los tratados internacionales sobre el libre comercio; cierto porcentaje de quienes beben cerveza son impulsados a ello por la publicidad y ahí está el talón de Aquiles del enemigo, ¡ahí es donde ha decidido dar el puñetazo el valiente diputado!”

Milan Kundera, La inmortalidad (1989)

Auspician La Jaula y Pedro Almodóvar

Yo quiero que tú sufras lo que yo sufro
Y aprenderé a rezar para lograrlo
Yo quiero que te sientas tan inútil
Como un vaso sin whisky entre las manos

Y que sientas en tu pecho el corazón
Como si fuera el de otro y te doliera
Yo te deseo la muerte donde tú estés
Y aprenderé a rezar para lograrlo

Yo quiero que tú sufras lo que yo sufro
Y aprenderé a rezar para lograrlo
Yo quiero que te asomes a cada hora
Como un preso aferrado a su ventana

Y que te sean las piedras de la calle
El único paisaje de tus ojos
Yo te deseo la muerte donde tú estés
Por Dios que aprenderé a rezar para lograrlo

Albert Plá

2 del padrino 2

Estamos a fines de 1958 y Michael Corleone está cerrando un negocio importantísimo en la Cuba de Fulgencio Batista. Faltan pocos días para que comience el ’59 y, con él, la Revolución de Fidel.

Michael Corleone: -I saw an interesting thing happen today. A rebel was being arrested by the military police and rather than be taken alive he exploded a grenade he had hidden in his jacket. He killed himself, and he took a captain of the command with him.

Hyman Roth: -Those rebels, they’re lunatics.

Michael Corleone: -Maybe so. But it ocurred to me that the soldiers are paid to fight, the rebels aren’t.

Hyman Roth: -What does that tell you?

Michael Corleone: -They could win.

-

Tom y Michael discuten sobre la mejor manera de asesinar a Hyman Roth.

Tom Hagen: -That plane goes to Miami.

Michael Corleone: -Right. That’s where I want it met.

Tom Hagen: -Mike, that’s impossible. They’ll turn him over directly to the Internal Revenue, Customs and half de FBI.

Michael Corleone: -It’s not impossible. Nothing’s impossible.

Tom Hagen: -It would be like trying to kill the President. No way to get him.

Michael Corleone: -You know, you surprise me. If anything in this life is certain, if History’s taught us anything, it’s that you can kill anyone.

Pocos años después, en Dallas, la Historia le daba la razón.