Víctimas

riverphoenixTenía un nombre raro: River Jude Phoenix. Sus padres le habían puesto River por el río de la vida en la novela Siddhartha, de Hermann Hesse, y Jude por Hey Jude, el clásico de los Beatles grabado un par de años antes de su nacimiento.

A los dieciséis llamó la atención con su papel en Stand by me. Fue nominado al oscar, a sus dieciocho, por la maravilla de Sidney Lumet Running on empty. Se dio el gusto de ser un joven Indiana Jones en los primeros minutos de Indiana Jones and the last crusade. Pero su gran papel lo obtuvo en 1991, en la película de su amigo Gus Van Sant: My own private Idaho.

Milton Nascimento, luego de ver Stand by me, le compuso un tema que tituló Carta a um jovem ator y que decía: “Como o teu nome, diferente / uma paisagem nos induz / uma paisagem de inocência / mas que se sabe e que se conduz / conduz agora este momento / o pensamento e os olhos meus / brilhando de emoção e grato / alguém que só te conheceu / num filme que viu tantas vezes / que este poema aconteceu.”

Una noche de octubre, hace exactamente diez años, River Phoenix fue con su chica y sus hermanos al Viper Room, el boliche de su amigo Johnny Depp. Había tomado cocaína en su adolescencia, pero ya no más. Sin embargo, y quién sabe por qué, esa noche se fue de rosca. Heroína, quizás. Eso nunca había probado. O sino la vieja y querida dama blanca. Lo cierto es que la madrugada del 31 de octubre de 1993, River Phoenix se murió.

Poco más de cinco meses después, en Seattle, Kurt Cobain se pegaba un tiro.

Dos víctimas de los ’90 y, acá en Buenos Aires, un chico de dieciséis años cantaba un tema de Charly García: “Y cuando los vimos morir / la vida nos vino a decir / esto no es un juego, loco, estamos atrapados.”

Involución de la especie

El día en que cumplí veinte años, un amigo mío me dijo:

-Ya pensé tu regalo. No te lo compré porque estoy sin plata, pero el mes que viene te lo doy.

-¿Y qué es?

-El capital, de Marx.

-¡Qué bueno!

Y así, esperé y esperé. Al mes siguiente, cuando hubo plata, nos fuimos de joda, chupamos, fumamos, etcetereamos, y la pobreza volvió a nuestros hogares, por eso El capital tuvo que esperar.

Pasó el tiempo y yo ya había perdido las esperanzas de que me regalara El capital. Llegó mi cumpleaños de 21, y lo mismo: “Si, ya sé, te debo El capital.”

Pasaron los años y la anécdota quedó grabada y generó una nueva expresión: “Si vas a tardar tanto como en regalarme El capital, mejor apurate.”

El otro día, hablando de futuras orgiásticas fiestas, me dice: “Ah, voy a tener entradas para la Creamfields. Te regalo una.” Entonces yo le dije: “¡Buenísimo! Y así cancelas la deuda de El capital“.

Porque yo cuando tenía 20 años creía en Marx. Ahora creo en Babasónicos.

Clase maestra de ironía

“-No merece la pena correr ese riesgo, dejando con vida a este gusano -dijo con frialdad-. Hay que acabar con él por nuestra propia seguridad.

Luego miró con indiferencia a Saint-Florent y le dijo:

-No es que tengamos nada en contra suya personalmente. Lo hacemos más bien por culpa de las leyes injustas. Puesto que atracadores y ladrones resultan condenados a muerte como si fueran asesinos, no merece la pena permitir que alguien sobreviva a un simple robo. Al fin y al cabo -concluyó su extraño razonamiento-, la vida sólo puede perderse una vez, ¿no es verdad?”

Marqués de Sade, Justine o las desventuras de la virtud (1791)

¡IMPORTANTE! ¡DANGER! ¡¡DANGER!!

La nueva y definitiva URL de este blog es http://www.blogdedieguez.com.ar.

Por ahora, esa URL te redirecciona a Brinkster y el único beneficio es que desaparecerán esos pop-ups molestos y poco elegantes.

En un futuro (que va desde una semana, hasta siete u ocho generaciones) mi blog estará íntegro en la nueva URL, podremos decirle chau chau a Brinkster y hola hola a un blog mucho más pulenta, no en su contenido sino en su forma.

Así que los buenazos que me tienen linkeado, vayan cambiando la URL. Y los que no me linkearon pero siempre pensaron “Ay, yo a ese lo tengo que linkear”, pero después se colgaron jugando al Buscaminas, aprovechen ahora, no pierdan tiempo, idiotas. Y los que me detestan pero entran a mi blog por un placer morboso, ¡hola!

An Abbott and Costello routine

Elaine le deja a Jerry un mensaje de alto voltaje sexual en el grabador que él pone para registrar su show. Jerry piensa que fue una fan, y trata de encontrarla. Elaine le cuenta la verdad a George y le pide que no le diga nada a Jerry, así continúan con la joda. George intenta mantener el secreto, pero haber escuchado a su amiga decir esas barbaridades lo puso cachondo. Sin saber como manejarse, decide confesarle a Jerry que está caliente con Elaine, pero sin revelar el motivo:

JERRY: Does she know?

GEORGE: NO!!

JERRY: How did it happen?

GEORGE: I can’t say.

JERRY: Well, why can’t you say it?

GEORGE: Because I promised her.

JERRY: I thought you just said she doesn’t know??

GEORGE: She doesn’t.

JERRY: So how can you promise her?

GEORGE: Because she asked me to.

JERRY: What is this, an Abbott and Costello routine?

Y vos, ¿de qué lado estás?

Siempre traté de mantenerme alejado de las discusiones que se vinieron dando últimamente en diversos blogs, sobre todo porque desconfío de la posibilidad de la comunicación entre las personas. Así, en general. También desconfío de la vida, como Pappo, pero esa es otra historia.

Hay dos equipos diferenciados y, sin dar nombres, los llamare: Equipo Lila y Equipo Turquesa. Yo pertenezco claramente al equipo lila.

La cosa es que recién estaba escuchando un tema de Leo Maslíah que me hizo reflexionar sobre el que yo considero es el problema básico del equipo turquesa. Y es que sus integrantes tienen una capacidad de análisis tan pobre que no saben argumentar. Entonces, ante la imposibilidad del debate, anteponen una virtud que no tienen pero que es muy bien vista: la tolerancia.

Como no sé por qué eso está mal, lo tengo que tolerar. Como no sé refutarte, te pido tolerancia.

O como dice Leo en El jodedor:

“En vez de palmitos te doy alcauciles
Predico la paz y fabrico misiles
Yo vendo la guerra y me compro la ciencia
Predico la paz pero inculco paciencia”

Predico la paz, pero inculco paciencia.

Piénsenlo.

Update: cuando posteé esto tuve el impulso inicial de quitar la posibilidad de comentarios. Luego me pareció que no daba, pero evidentemente era lo que habría que haber hecho desde el principio. Repito algo que puse más arriba: “desconfío de la posibilidad de la comunicación entre las personas”. Si, si.