The golden age, de Beck
Monthly Archives: August 2003
Sunday morning
Creo que si bajara un extraterrestre y hubiera que explicarle qué es un domingo, habría que hacerle escuchar éste tema:
Sunday morning, praise the dawning
It’s just a restless feeling by my side
Early dawning, Sunday morning
It’s just the wasted years so close behind
Watch out, the world’s behind you
There’s always someone around you who will call
It’s nothing at all
Sunday morning and I’m falling
I’ve got a feeling I don’t want to know
Early dawning, Sunday morning
It’s all the streets you crossed, not so long ago
Watch out, the world’s behind you
There’s always someone around you who will call
It’s nothing at all
Víctima #1
Si yo tuviera impunidad para matar gente, probablemente empezaría la masacre con Bebe Contepomi.
Leyenda urbana
Una vez me contaron que existe un video en el que se lo ve a Pappo tocando el redoblante con la pija.
Aclaro que nunca vi ese video.
Por suerte.
De ideologías y maxikioscos
Tengo un amigo que es amoral, no tiene ideología ni ética. Yo lo quiero lo mismo, porque por lo menos no es facho. Mi amigo vive en una zona bastante céntrica, repleta de kiosquitos. Pero resulta que hay un maxikiosco nuevito, notoriamente menemista, en donde venden más cosas y más ricas.
Un día salimos a comprar puchos y veo que se dirige a uno de los kioscos viejos, entonces le pregunto: “¿Por qué no vas a ese, que es más lindo?”, entonces me contesta: “No, me agretea ese kiosco. Quiero hacerle un boicot, porque por su culpa van a fundirse los otros”. Me sorprendió su actitud, y me dije “uno nunca termina de conocer a la gente”.
Varios días después vuelvo a ir a su casa, y volvemos a comprar puchos. Mi amigo, sin dudarlo, se dirige al maxikiosco menemista. Evidentemente hacía rato que había abandonado su ideología, entonces pienso: “Ah, me quedo más tranquilo. Éste es mi amigo”.
Compra un Gitanes Box, paga con diez pesos y el kiosquero menemista le dice: “¿Te puedo dar cinco patacones?”. “No, me matás”, dice mi amigo. “Te juro que no tengo otra cosa”, dice el kiosquero menemista. “Bueno, dejá entonces”, dice mi amigo devolviéndole los cigarrillos.
Mientras nos dirigimos al viejo kiosquito de barrio, pienso: “No hace falta tener una ideología clara para darse cuenta de algunas cosas”.
Gordo botón
Como víctima del virus Blaster, me puse feliz cuando leí que habían atrapado a Jeffrey Lee Parson, el adolescente creador del bicho. Pensé “ya pagarás tus pecados en la cárcel, carroña”.
Cuando vi su foto en Clarín, se me fue el odio.
Yo, si fuera así, también odiaría a la humanidad.
Terror psicológico
Una vez estaba yo caminando a la tarde por la calle Pueyrredón, fumándome un puchito tranquilo, y un viejo se me planta adelante y me dice, indignado, “¿Te parece que son horas de andar fumando?”. Y se va.
Extrañado por el suceso, llego a destino y cuento la anécdota, así, tal cual la acabo de contar, sin aclarar que había sucedido recién. Y la persona, en lugar de decir “qué viejo loco”, me pregunta: “¿Y qué hora era?”.
Repetí el ejercicio, es decir, les conté la anécdota a varias personas más, y todas -pero todas- terminaban preguntándome lo mismo: “¿Y qué hora era?”.
Parecía un capítulo de la Dimensión Desconocida.