Cerebros en problemas

El cerebro de un fachus infobaus despuésdehorus hoy en día está atravesando momentos complicados. Sus mecanismos de razonamiento lo tienen a mal traer.

Hace unas semanas, le vino un dato: Zaffaroni=garantista=zurdo=estamos en contra. Y empezó con la andanada de editoriales, comentarios e improperios.

Poco después, le vino otro dato más: extradición de militares=estamos en contra. Y continuaron con la andanada de editoriales, comentarios e improperios.

Ahora, los veo complicados. Porque el diario español El País entrevistó al candidato oficial a integrar la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, y le preguntó qué opinaba sobre la extradición de militares. Zaffaroni, juez garantista, no está de acuerdo.

Va a ser muy interesante ver cómo el fachus infobaus despuésdehorus esquiva el asunto. Y tampoco se descartan problemas en los más básicos zurdus páginadocescus txtus, aunque de índole contraria.

El cuento del miércoles

Ya que el otro día escribí un post inconscientemente inspirado en Ítalo Calvino (1923-1985), creo que ya es hora de que lean un cuentito sumamente divertido de nuestro amiguito italiano. Del libro Las cosmicómicas, una ingeniosa fábula que narra la vida (o algo parecido) de ciertos personajes que habitaban el Universo previo al big bang, es decir, cuando todo se condensaba en un mismo punto.

Dedicado a Jade (que me recordó que hoy era miércoles), aquí tienen Todo en un punto.

Recomendada de hoy

Película dentro de película.
Sueños dentro de sueños.
Realidad en blanco y negro, ficción a colores.
Enanos que no se ríen, actrices inseguras, productoras malcogidas.
Leche en mal estado y madres con Alzheimer.
Catherine Keener, Steve Buscemi y Dermot Mulroney.
En una película de Tom DiCillo.

Viviendo en el olvido (Living in oblivion, 1995)

Pregunta retórica

Yo cuando era niño sufría de aburrimiento crónico. Mi geminianismo de manual hacía que me aburriera de todo. Me ponía a ver la tele, a los quince minutos me aburría. Entonces agarraba un librito, a las tres páginas me cansaba. Ahí desenterraba unos autitos de algún cajón… nunca entendí cuál es la gracia de los autitos.

La cosa es que siempre molestaba a mi mamá y le decía “Mami, me abuuuuuuurro”, con la esperanza de que la mina me tirara la posta, una idea genial para divertirme. Pero ella siempre me contestaba lo mismo:

“¿Y qué querés? ¿Que te contrate un payaso?”

Me re cagaba. Siempre.