But I’m not laughing

It seems the things I’ve wanted in
my life, I’ve never had.
So it’s no surprise that living
only leaves me sad.
Happiness, where are you?
I’ve searched so long for you.
Happiness, what are you?
I haven’t got a clue.
Happiness, why do you have to stay
So far away from me?
When I’m in despair and life has,
turned into a mess,
I know that I don’t dare to end my
search for happiness.
Happiness, where are you?
I’ve searched so long for you.
Happiness, what are you?
I haven’t got a clue.
Happiness, why do you have to stay
So far away from me?
Happiness, sometimes I think
I see you from afar.
When I run to catch you, though,
that’s just not where you are.
Happiness, you know I’ll get a hold of
you some way.
Until I do you know I’ll keep on
searching every day.

Toda la guita es afanada

El otro día mis viejos alquilaron Un oso rojo en VHS y en la mitad de la película aparece un texto gigante que dice “Esta película ha sido grabada en un cassette verde”. Durante un minuto. Y al final, lo mismo. O sea, arruinaron la película. Se merecen que la pirateemos.

Así que los que la quieran, ya saben, me dan un CD y yo se las grabo gratis.

Fucking EGB

Durante mucho tiempo yo me sentí chico respecto de los grandes, porque ellos al primer grado le decían “primero inferior” y al segundo le decían “primero superior”. Y eran los grandes un poco peyorativamente, porque no era tan complicado decir “primero” y “segundo”.

Ahora esa diferenciación la sigo sintiendo, aunque sería entre yo, que soy grande y ellos, que son viejos. Ahora los chicos dicen “octavo” y “noveno” y yo no hay manera de que compranda como funciona el EGB.

Un momento de cobardía

Cuando yo estaba en séptimo grado en la escuela del Estado a la que iba contrataron a una docente para que se hiciera cargo de la Mapoteca. En la escuela había una habitación repleta de mapas, libros y documentos, a la que llamábamos “Mapoteca” pero nadie usaba.

La señora (¡qué horror no acordarme de su nombre!) era muy gorda, bigotuda y tenía una verruga gigante en la cara. Apenas entró, pidió a un alumno de los últimos grados para que la ayudara, y obviamente yo me ofrecí (cualquier cosa con tal de no estar en clase).

Esta señora tenía buenas intenciones, me aconsejaba sobre cómo tratar a las mujeres, aunque lo hacía de manera super näif, del estilo “regalale una flor”. Nosotros nos reíamos de ella.

Una vez un compañero mío había llevado unas porciones de torta para vender en el recreo y juntar plata para el viaje de egresados. Había dejado la bandeja en la sala de profesores y esta señora se comió la mitad, le agarró una indigestión y hubo que llamar a una ambulancia.

Todo el mundo se burlaba de ella, y me incluyo, pero mi papel era el peor de todos, porque yo era totalmente hipócrita, porque quería que ella me llamara para ayudarla y zafar así de las clases. Entonces cuando ella me aconsejaba tonterías, yo simulaba y después les contaba a mis compañeros. Pero yo para ella era el único alumno del colegio que la quería, entonces ella me quería.

Cuando estaba por terminar el año, ella me preguntó si la iría a visitar y yo le dije que claro. Obviamente, no volví nunca más a mi escuela primaria (salvo mucho tiempo después, a votar). Pero al año siguiente fui con unos amigos un sábado a la noche al Pumper Nic de Triunvirato y Blanco Encalada y la vi a la “gorda de la Mapoteca”, sola, comiendo.

Me dio muchísima pena, mucha, mucha. Sabía que si la iba a saludar ella se pondría muy contenta, pero no podía hacer eso ante mis amigos. Entonces hice bolitas con pedazos de servilleta y le empecé a tirar con la pajita. Nos reímos mucho.

Todavía hoy deploro ese momento de cobardía.

Diálogo verídico

A: -Empecé a leer En busca del tiempo perdido.
B: -Ja. A ver cuánto te dura.
A: -¿Por qué?
B: -Es imposible leer ese libro hoy en día. La única manera de leerlo es si estás cuadripléjico, conectado a un respirador artificial, con el libro en un atril y lo único que podés mover son los músculos de los ojos.
A: -Si, y la única persona que entra en la habitación es una enfermera que te de vuelta la página.
B: -(luego de un breve silencio) Yo prefiero que me desconecten.

Perfecto final de párrafo

“Pero Laura seguía callando el nombre de Nico, y cada vez que lo callaba, en el momento preciso en que hubiera sido natural que lo dijera y exactamente lo callaba, Luis sentía otra vez la presencia de Nico en el jardín de Flores, escuchaba su tos discreta preparando el más perfecto regalo de bodas imaginable, su muerte en plena luna de miel de la que había sido su novia, del que había sido su hermano.”