S.O.S. Ex, de Andrés Tambornino (Argentina) [Selección Oficial Internacional]
La segunda película argentina de la Competencia Oficial es otra especie de comedia, aunque menos negra y más… no sé si llamarla romántica.
Dos amigos salen a navegar en un velero junto con sus ex novias, los agarra una tormenta, y naufragan a la deriva durante dos días. El Puma está en pareja, pero extraña a Marina, la novia de la adolescencia, de la que se separó hace tres años. El Chino y Tatiana se separaron hace poco, pero siguen siendo amigos y comparten el velero, porque era un proyecto que tenían juntos.
Por supuesto, obligados a compartir un pequeño espacio, desnudos (luego de la tormenta todos se sacan la ropa mojada), empiezan a circular reproches y toqueteos por partes iguales, hasta que finalmente salen los trapitos al sol y algunas confesiones.
Está muy bien resuelto el problema de filmar casi toda la película sobre un velero tan chiquito, pero a la narración le falta un crescendo. Una vez que naufragan se suceden situaciones que pintan a los personajes, pero no hay un crescendo hacia el desenlace (aunque sí hay un desenlace). Al punto tal que Samurai, sentado al lado mío, me susurró en un momento: “La película está tan perdida como el velero, ¿no?”.
Y sí, algo de eso hay, pero de todas formas tiene buenos momentos y una cucaracha que actúa muy bien.
Repite:
Martes 15, 16.00, Hoyts 10
Miércoles 16, 22.45, Atlas Santa Fe 1
Full Battle Rattle, de Tony Gerber & Jesse Moss (EE.UU.) [Panorama / La Tierra Tiembla]
Quería ver Io non sono un moderato, documental sobre Darío Fo, pero resulta que el Centro Cultural Recoleta no da entradas de prensa. Haberlo avisado antes y me la programaba para antes en el Hoyts. Ahora me la perdí para siempre y no es como Let the Right One In que tarde o temprano se va a conseguir. Con malhumor, me gasto una fortuna en una entraña con salad bar en Aberdeen Angus, mientras leo que Swann busca a Odette por todos los restaurantes de París.
El documental de Gerber y Moss a priori era candidato al grupo “bombardeen la embajada de los Estados Unidos”, aunque al final me dejó con sensaciones encontradas. La película muestra como los yanquis construyeron en el desierto de Mojave una especie de set para simular la guerra en Irak: con varios pueblos y más de mil extras iraquíes. Ahí van los soldados antes de volar a Irak, y “juegan” a la guerra, con armas de mentira, y cadáveres de plástico.
Digo lo de las sensaciones encontradas, porque la película, al ser completamente neutral, termina siendo una especie de propaganda del lugar y tranquilamente podría ser un institucional del ejército. Salvo porque muestran el detrás de escena (un falso periodista de una falsa CNN se equivoca grabando un copete), no hay ningún tipo de crítica. Podría decirse que no hace falta: con sólo ver esa locura alcanza para horrorizarse, aunque eso es porque uno conoce otras cosas y está a priori en contra de la guerra. A alguien que esté a favor también le va a gustar, y seguramente va a admirar el trabajo de los creadores de esa especie de Truman Show bélico.
Uno de los entrenadores les explica a los soldados que si van a un pueblo y saludan al verdulero con amabilidad, tendrán un amigo y los insurgentes se van a debilitar. Si, por el contrario, patean puertas y rompen muebles, tendrán un enemigo, y los insurgentes un aliado. Escuchando las noticias de lo que ocurre en Irak (y habiendo visto Redacted: otra vez, volvé De Palma, te perdonamos), puede verse la película como un patético Truman Show, una especie de actuación de lo que los yanquis creen idealmente que será Irak, aunque después en el baile se encontrarán con algo muy distinto. Pero en la película eso no se ve, lo único que vemos es cómo los entrenadores les enseñan a los soldados a tratar bien a los civiles.
De todas formas, me gustaría dejar un poco de lado lo ideológico, porque en el fondo estoy en contra de transformarme en un policía de la ideología, como este salame que acusa a Los paranoicos de xenófoba porque retrata a un supermercadista chino que no entiende castellano, como si no fuera lo más corriente del mundo que los supermercadistas chinos no comprendan el idioma. Y si dejamos eso de lado, vamos a ver un documental muy interesante y, hasta cierto punto, increíble.
Repite el domingo 20 a las 10.30 en el Hoyts 9.
Help Me Eros, de Lee Kang-sheng (Taiwán) [Selección Oficial Internacional]
Porta Fouz presentó al director (que también es actor) como la cara que más veces vimos en las pantallas del Bafici, porque laburó en varias películas de un abonado al festival, Tsai Ming-liang. Kang-sheng fue muy simpático, contó algo de la película, y pidió disculpas por no quedarse para el Q&A posterior, porque se iba para las Cataratas del Iguazú. Dijo que siempre soñó con conocerlas.
La película tiene un aire a Kim Ki-duk en algunas cosas (sí, ya sé que uno es coreano y el otro es taiwanés), como por ejemplo la crueldad con los animales y sobre todo esa calle con neón y chicas con poca ropa es muy parecida a la de Bad Guy. Pero acá el sexo no es un medio de humillación o de sumisión del otro, sino una vía de escape, aunque insuficiente. El sexo y la marihuana.
Visualmente atractiva, con cierto humor negro, algunas escenas asquerosas y otras sensuales, Help Me Eros cuenta la historia de Ah Jie (el propio Lee Kang-sheng), que vive encerrado en su departamento fumando marihuana y teniendo sexo con chicas, y se relaciona vía chat con una gorda que lo atendió una vez en el centro de atención al suicida. No hay un desarrollo demasiado profundo de la cuestión, el acento está puesto más bien en la psicodelia visual. La pasé bien, pero no me voló la cabeza como sí me la voló Bad Guy en su momento.
Fue la última proyección, y Lee Kang-sheng dijo: “No sé si todavía la compraron, pero si les gusta pidan que alguien la compre”. Es que, según dijo, tiene ganas de volver para visitar la Patagonia.
Ya me puse al día. Mañana tengo dos que me entusiasman: The Man from London y Smiley Face. Espero que no haya decepciones.