Enumeraciones

Leyendo Cómo ser buenos me dí­ cuenta de -o recordé- que me fascina la enumeración como figura retórica, supongo que por los diversos efectos que puede lograr con su sencillez aparente. Pero nada es sencillo: la clave está en encontrar una diversidad de palabras tal que su conjunto produzca algún tipo de sentido y también ordenarlas de acuerdo a cierta musicalidad. Esa es la gracia.

El ejemplo que está por todos lados (todos lados = internet) es el del soneto de Lope de Vega que dice “Desmayarse, atreverse, estar furioso“. Debe haber miles de ejemplos más y alguno podrí­a tomarse el trabajo de enumerarlos (enumerar las enumeraciones). Yo quiero dejar acá tres muy diversas que me vinieron a la cabeza apenas leí la de Hornby.

En primer lugar el cuento Werner, de Leo Maslíah.

Werner era ignorante, inmoral, morboso, sórdido, mentiroso, feo, malpensado, sucio, execrable, pervertido, impuntual, lujurioso, porfiado, haragán, egoísta, académico, desordenado, inhábil, detestable, mezquino, huraño, holgazán, intrigante, creído, lascivo, desatento, inmundo, culturoso, avaro, libertino, altanero, traidor, coqueto, arrogante, soberbio, presuntuoso, insensato, trasnochador, malviviente, vanidoso, antipático, demasiado pagado de sí mismo, torpe, desconfiado, tramposo, estafador, avieso, desabrido, irascible, fatuo, obstinado, vicioso, displicente, mugriento, abstruso, depravado, cruel, chismoso, grosero, despiadado, soez, intrigante, presumido, testarudo, perverso, descarado, tacaño, glotón, vago, informal, quisquilloso, intratable, engreído, malicioso, suspicaz, malcriado, necio, entrometido, jactancioso, fullero, senil, descortés, atolondrado, fanfarrón, insufrible, terco, desleal, inmaduro, ruin, maleducado, simplón, incapaz, desvergonzado, pérfido, fluctuante, cargoso, lerdo, rústico, descocado, receloso, esquivo, hostil, atropellado, enredador, infame, adulador y malhablado. Es una suerte, hija, que no te hayas casado con él.

Después hay una enumeración de fobias en “La parte de los crímenes” de 2666 que es realmente muy divertida y que yo posteé acá cuando la leí hace siete años. (Siete años es mucho tiempo.)

Aunque Maslíah y Bolaño son a su manera graciosos, la tercera es directamene una rutina de stand up. El comediante es Gilbert Gottfried, de mis preferidos.

Por último, el fragmento de Hornby. La narradora describe la dinámica de la amistad entre David, su marido, y Andrew, un amigo de él: los dos tienen cuarenta y pico, un trabajo mediocre en los medios, una novela o un guión que nunca terminan, y pocas cosas les gusta más que juntarse, emborracharse y hablar mal de cada película que se estrena, cada libro nuevo que sale, cada figura pública que se encuentre en el candelero.

Acá una lista de la gente que Andrew y David han considerado hasta la fecha sin talento, sobrevalorada o simplemente pelotuda: Oasis, los Stones, Paul McCartney, John Lennon, Robbie Williams, Kingsley Amis, Martin Amis, Evelyn Waugh, Auberon Waugh, Salman Rushdie, Jeffrey Archer, Tony Blair, Gordon Brown, William Shakespeare (aunque, para ser justos, desprecian sólo las comedias y algunas de sus obras históricas), Charles Dickens, E. M. Forster, Daniel Day-Lewis, los Monty Python, Gore Vidal, John Updike, Thomas Harris, Gabriel García Márquez, Milan Kundera, Damien Hirst, Tracey Emin, Melvyn Bragg, Dennis Bergkamp, David Beckham, Ryan Giggs, Sam Mendes, Anthony Burgess, Virginia Woolf, Michael Nyman, Philip Glass, Steven Spielberg, Leonardo DiCaprio, Ted Hughes, Mark Hughes, Sylvia Plath, Stevie Smith, Maggie Smith, los Smiths, Alan Ayckbourn, Harold Pinter, David Mamet, Tom Stoppard y por supuesto a todos los otros dramaturgos contemporáneos, Garrison Keillor, Sue Lawley, James Naughtie, Jeremy Paxman, Carole King, James Taylor, Kenneth Branagh, Van Morrison, Jim Morrison, Courtney Love, Courteney Cox y todo el elenco de Friends, Ben Elton, Stephen Fry, Andre Agassi, Pete Sampras y todos los tenistas contemporáneos, Monica Seles y todas las tenistas de la historia, Pelé, Maradona, Linford Christie, Maurice Greene (‘¿Cómo puede estar sobrevalorado un velocista que es el más rápido de todos?’, pregunté una vez, desesperadamente, pero no recibí una respuesta satisfactoria), T. S. Eliot y Ezra Pound, Gilbert y Sullivan, Gilbert y George, Ben y Jerry, Powell y Pressburger, Marks y Spencer, los Hermanos Coen, Stevie Wonder, Nicole Farhi y cualquiera que viva de diseñar putos trajes, Naomi Campbell, Kate Moss, Johnny Depp, Stephen Sondheim, Bart Simpson (pero no Homero Simpson), Homero, Virgilio, Coleridge, Keats y todos los poetas románticos, Jane Austen, todas las Brontë, todos los Kennedys, los que hicieron la película Trainspotting, los que hicieron la película Lock, Stock and Two Smoking Barrels, Madonna, el Papa, cualquiera que haya ido al colegio o a la universidad con ellos y ahora obtenga cierto renombre como periodista, en los medios o las artes, y muchos, muchos otros, tantos, demasiados para mencionarlos acá. De hecho, es más fácil mencionar a la gente de la historia de la humanidad que a los dos les cae bien: Bob Dylan (aunque no recientemente), Graham Greene, Quentin Tarantino y Tony Hancock. No recuerdo a nadie más recibiendo doble pulgar arriba de estos dos guardianes de nuestra cultura.

 

Las tetas son un fin en sí mismas

“Scheherazade, in general, is absolutely glorious. But let’s face it. It’s her breasts.”

“… So you understand about Scheherazade’s breasts.”

“I like to think so. I paint, after all. And it’s not the size, is it. It’s almost despite the size. On that wandlike frame.”

“Yeah. Precisely so.”

“I read something the other day,” said Whittaker, “that made me warm to breasts. I saw them in a different light. In evolutionary terms, this guy says, breasts are there to imitate the arse.”

“The arse?”

“The breasts ape the arse. As an inducement to having sex face to face. When women evolved out of oestrus. You must know what oestrus is.”

Keith knew. From Gk oistros “gadfly or frenzy.” Heat. Whittaker said,

“So arselike breasts sweetened the bitter pill of the missionary position. Just a theory. No, I understand about Scheherazade’s breasts. The secondary sexual characteristics in their Platonic form. Plan A for the tits. I understand—in principle.” He looked at Keith with affectionate contempt. “I don’t want to squeeze them or kiss them or bury my sobbing face in them. What d’you guys do with breasts? I mean they don’t lead anywhere, do they.”

“I suppose that’s true. They’re sort of a mystery. An end unto themselves.”

The Pregnant Widow, Martin Amis, 2010

An easy people to govern

“We, in the servants’ hall, began this happy anniversary, as usual, by offering our little presents to Miss Rachel, with the regular speech delivered annually by me as the chief. I follow the plan adopted by the Queen in opening Parliament—namely, the plan of saying much the same thing regularly every year. Before it is delivered, my speech (like the Queen’s) is looked for as eagerly as if nothing of the kind had ever been heard before. When it is delivered, and turns out not to be the novelty anticipated, though they grumble a little, they look forward hopefully to something newer next year. An easy people to govern, in the Parliament and in the Kitchen—that’s the moral of it.”

The Moonstone, Wilkie Collins, 1868

¿Qué será de Sally Draper?

El escritor Sergio Olguín escribió en el número 1 de la revista Orsai que “Mad Men parece un compendio de toda la tradición literaria norteamericana” y después esbozó el siguiente catálogo:

La encantadora Joan Holloway es un personaje arrancado de los cuentos de Dorothy Parker, los flashbacks de la infancia de Don Draper recuerdan a las novelas sureñas del siglo veinte, con William Faulkner a la cabeza. Toda la familia Draper parece una novela más de John Cheever. Esos publicistas en busca de éxito que sólo sus esposas consideran geniales remiten a esos norteamericanos algo grises, siempre atractivos, de John Updike. La aparición fantasmal de Midge Daniels, una ex amante de Don, en la cuarta temporada tiene ecos de V., esa novela desmesurada de Thomas Pynchon (Bertram Cooper también es un personaje digno de Pynchon). Y la vida de Roger Sterling parece escrita por el John Irving menos trágico. El encuentro nocturno de Don Draper con una pareja casi adolescente en una carretera que se desarrolla con una fuerte tensión sexual podría ser el comienzo de un libro de Norman Mailer. Betty Draper, con su carrera frustrada de modelo, sus episodios de represión sexual, su relación confusa con un preadolescente, su belleza perfecta y su sensualidad descarada en el viaje a Roma de la tercera temporada, ¿no es un personaje que hubiera querido inventar Truman Capote? El encuentro final de Don Draper con su amiga Anne, cuando Don se entera de la enfermedad de ella, tiene la belleza sobria de los mejores cuentos de Raymond Carver.

Hay otro autor que se puede incluir en la serie: Philip Roth. Es curioso: ví el episodio y leí la novela casi al mismo tiempo, pero no los relacioné hasta ayer. Por algún motivo me vino a la cabeza una escena: una nena de unos diez años ve por televisión, en directo, la célebre inmolación del monje budista en protesta por el gobierno vietnamita (el 11 de junio de 1963). Y no podía acordarme si era una escena de Mad Men o de Pastoral americana. Bueno, era una escena que está en las dos. Por supuesto, era algo tan evidente que fue notado por una especialista en Mad Men pocos días después de emitido el episodio en cuestión: The Arrangements, 4to episodio de la 3ra temporada, 6 de septiembre de 2009.

En Mad Men se trata de Sally Draper, la hija de Don. Alterada por la muerte de su abuelo -su primer contacto con la muerte-, sola entre adultos que no la entienden y que la mandan a ver la tele para que no moleste, Sally observa el fuego que consume la carne de Thich Quang Duc. Militantes de la sutileza, los creadores de Mad Men terminan el episodio ahí, aunque no es difícil imaginar que la muerte de su abuelo y la del monje hayan marcado (a fuego) el fin de su infancia, la inocencia perdida. Ningún personaje creció tanto como el de Sally Draper en las últimas dos temporadas, ninguno promete tanto como el de ella ante la perspectiva de la próxima (la quinta).

En Pastoral Americana es todo más melodramático y menos cronológico. Primero nos enteramos de que una chica de 16 años mató a un tipo inocente con una bomba en una oficina de correos en protesta por el gobierno de Lyndon Johnson. La chica se llama Merry Levov y es hija del Sueco, un ciudadano modelo, destacado y honrado, perteneciente a la comunidad judía de Newark. Después del atentado, Merry desaparece y empieza el calvario del Sueco por intentar entender qué pasó con su hija.

Y se acuerda del monje en llamas.

Pasaron cinco años, cinco años buscando una explicación, repasando los hechos, las circunstancias que la delinearon, la gente y los acontecimientos que influyeron en ella, y ninguno sirve siquiera para empezar a explicar la bomba hasta que recuerda a los monjes budistas, la auto-inmolación de los monjes budistas… Por supuesto que en aquel entonces ella tenía apenas diez años, quizás once, y en los años que pasaron desde entonces le habían ocurrido millones de cosas, a ella, a ellos, al mundo. Aunque después de eso estuvo aterrorizada por semanas, llorando por lo que había visto por televisión aquella noche, hablando sobre eso, despertándose por soñar con eso, no se vio impedida de continuar con su vida. Y aún así, cuando la recuerda ahí sentada observando aquel monje prendiéndose fuego -tan desprevenida como el resto del país para lo que estaba viendo, una nena mirando de reojo el noticiero con su madre y su padre una noche después de la cena- está seguro de que ha descubierto la razón de lo ocurrido.

Podemos recordar el devenir de Sally Draper y detenernos -como el Sueco- en aquel episodio en que, disfrazada de bailarina y abrazada a un muñeco, vio a través del televisor a un hombre quemándose vivo. Y la tentación de imaginarle un futuro parecido al de Merry Levov es demasiado grande.

El Vigilante de Avellaneda

Resulta que hay un periodista que se llama Dante López Foresi -el hermano de Liliana- que tiene un periódico barrial llamado El Vigía, en donde básicamente reproduce gacetillas del municipio de Avellaneda tipo “Estudiantes de Avellaneda enterraron una cápsula con mensajes del Bicentenario que serán descubiertos el 2110” u “Homenaje a Néstor Kirchner en la Asociación de Señaleros Ferroviarios” o “Ferraresi participó de una Jornada Solidaria realizada en la Escuela Primaria Nº 53” (Jorge Ferraresi es el intendente de Avellaneda, personaje ubicuo en las páginas de El Vigía).

López Foresi es de aquella clase de periodistas que con la excusa de la militancia y de la imposibilidad de ser objetivo intrínseca al oficio se dedica con paciencia y saliva a elogiar ditirámbicamente los aciertos del Gobierno con la misma energía y entusiasmo con los que justifica, oculta o disfraza sus errores. Pero López Foresi lo hace con un brío que lo ha llevado a decir: “Soy periodista y desprecio la objetividad. M.Moreno Y Walsh no fueron objetivos.

Pero su denuedo es sólo comparable con su torpeza. Obtuvo su minuto de fama merced a una burrada que me llevaría largos párrafos contar pero que ya ha quedado inmortalizada en Taringa!: 678, Telam y El Vigía: Poco serios. Aquellos días funestos del asesinato de Mariano Ferreyra, una semana antes de la perplejidad por la muerte de Kirchner, me tuvieron aporreando el teclado en aquel departamento endiablado de La Latina, rodeado de paraguayos chupando mate con yuyos.

La cuestión es que mi sensibilidad beligerante pronto resultó violentada por su presencia en la twittósfera. Fue hace rato, antes del affaire detallado en el artículo de Taringa!. Discutimos por algo, puede que yo lo haya insultado -me conozco-, y el hombre me bloqueó. Pero a mi casilla de mail siguió llegando el spam de El Vigía, hasta que un día me cansé y le mandé el siguiente mail:

Escuchame, hijo de UN VAGÓN REPLETO DE PUTAS. Si me seguís mandando esta verga de mails te voy a coser el cráneo a martillazos.

Escribí esa admonición bajo el sol del Mediterráneo, rodeado de gallegas en tetas, después de algunos gin tonics -que explicarían la extraña expresión “coser a martillazos”-. Al rato recibo su respuesta, directo desde las catacumbas de Avellaneda, desde el cuartel central del gacetillerismo militante:

Lo único que tenía que decirme era que la dirección que debíamos eliminar era xxxxxx, cosa que nunca comunicó.
La tuve que buscarlo yo. (sic) Si hay otro email a eliminar, por favor comuníquelo de inmediato asi reparamos el error.

Asimismo, le comunicamos que su email ya fue reenviado a fuerzas de seguridad, a un juez y a una fiscalía, con la amenaza incluida.

Dante López Foresi
Director

Yo, pueden imaginarlo, no acreditaba lo que estaba leyendo. Sólo atiné a responder un simple y despojado:

Jajaja, sos un aparato.

Pero Dante Foresi, entonces, me reenvió un mail que -supuestamente- había enviado al Juzgado de Garantías Nro 9 de Avellaneda, en donde decía:

Estimado Juez Carzoglio.
Le adjunto prueba que presentaré para iniciar demanda por amenazas de muerte recibidas por un desconocido.
Solicito tenga a bien tomar las medidas urgentes que considere pertinentes para dar con el paradero de este sujeto, y proteger mi seguridad.
Ya poseo datos del emisor, que le comunicaré en pocos minutos por otro medio.

Denuncia CC a autoridad de PFA y Jefatura de Gabinete de Ministros.

Atte
Dante López Foresi

Empecé a mirar a mi alrededor, temiendo que de atrás de aquel chiringuito asomara una brigada de policías de la bonaerense que me harían comer la arena marbellí y me llevarían esposado en un avión de Aerolíneas Argentinas para declarar en Avellaneda ante ese tal juez Carzoglio. Googleé a Luis Carzoglio: el primer resultado, una nota de Tomás Eliaschev en la revista Veintitrés, titulada “Hacete amigo del juez“.

¿Y si Dante López Foresi, con esa cara de boludo y todo, era amigo de un juez? ¿Podría denunciarme de verdad? Lo pensé dos minutos y llegué a la conclusión de que no, era un “apriete” destinado a que me asuste. Muy parecido al que recibí hace un par de años por parte de Memoria Completa.

Iba a publicar los mails, pero preferí esperar a mi regreso al país. Quería revisar mi correo: tal vez, entre las boletas de ABL y la revista del cable, aparecía alguna citación judicial. Pero no: del juez Luis Carzoglio, ni noticias. Dante López Foresi, por su parte, sigue escribiendo en twitter cosas como estas:

Un periodista temeroso, convierte en indigno mi oficio. Es suficiente motivo como para una pelea callejera

Réquiem por Faulkner

Una semana después de la muerte de William Faulkner salió publicado en Marcha un obituario escrito nada menos que por Juan Carlos Onetti, su émulo, su admirador, su mejor discípulo.

El uruguayo escribió:

“Hace algunos años Malcolm Cowley, uno de los críticos literarios más inteligentes y amenos de U.S.A., reporteó a otro difunto que merecía –y lograba– mayor difusión e interés que el muerto del 6 de julio. Se llamaba Hemingway, había cazado elefantes, osos y leones, se había casado varias veces, inventó el Martini Montgomery –15 contra uno– y también una extraordinaria novela: Adiós a las armas.

Cowley preparó el terreno y dijo finalmente –’¿Cuál es el novelista norteamericano más importante de nuestra época?’

Hemingway rió unos segundos y mezcló el contenido de las cantimploras que cargaba en el cinturón.

–No puede discutirse, no puede preguntarse. Lejos, muy adelante de todos nosotros, está Faulkner. Yo dejaría gustoso de escribir si me dieran, en cambio, la tarea de administrarlo, de decirle basta y ser obedecido. Porque Faulkner no es perfecto, precisamente por eso. Por continuar trabajando cuando está cansado y borracho, cuando el mundo ha desaparecido y ya no puede saberse si la noche se mantiene protectora –para él– o la mañana llegó para todos los hombres, para el trabajo inquerido, para las preocupaciones no buscadas. Pero si yo pudiera dirigirlo…

Hemingway no tenía aún el premio Nobel. Estamos escribiendo de memoria, sin originales para copiar o traducir. Tal vez por eso, y sin querer, estamos mejorando su estilo.”

Roth sobre Kirchner

“Mientras lo escuchaba, me preguntaba si Jerry habría opinado lo mismo del Sueco cuando éste vivía, si no habría corregido un poco su punto de vista tras la muerte, sintiendo remordimientos por la severidad, más propia de él, con que podría haber considerado antes a su guapo hermano mayor, digno de confianza, bien adaptado, tranquilo, normal, alguien a quien todo el mundo miraba, el héroe del barrio con quien el Levov menor había sido comparado sin cesar mientras evolucionaba y se convertía más bien en un sucedáneo Este juicio de Jerry sobre el Sueco, amablemente acrítico, era con toda probabilidad muy reciente, una compasión nacida pocas horas antes. Es algo que sucede cuando muere la gente: la discusión desaparece con ellos, y personas tan llenas de defectos mientras respiraban que a veces eran casi insoportables ahora se muestran de la manera más encantadora, y lo que menos te gustaba anteayer se convierte, en la limusina detrás del coche fúnebre, en una causa no sólo de regocijo solidario sino incluso de admiración. En cuál de estas estimaciones radica la realidad más amplia (la que no es caritativa y se nos permite antes del funeral, forjada, sin paparruchadas, en la escaramuza de la vida cotidiana, o la que nos llena de tristeza en la reunión familiar posterior) ni siquiera puede determinarlo una persona independiente Ver un ataúd que desciende a la fosa puede obrar un gran cambio en los sentimientos (de repente descubres que no estás tan decepcionado con esa persona que ha muerto), pero ignoro lo que la visión de un ataúd obra en la mente que busca la verdad.”

Pastoral Americana, Philip Roth, 1997

Néstor

La muerte de Néstor Kirchner me sorprendió en Madrid. Ya en la recta final de mi viaje, cuando Buenos Aires deja de ser en mi recuerdo esa ciudad caótica e inhóspita, demasiado grande y demasiado conocida; cuando la empiezo a recordar hermosa, animada, repleta de amigos. Pocas cosas más agradables que extrañar lo que sabés que vas a volver a ver. Extrañar durante quince días y, mientras dura esa añoranza placentera, disfrutar de los últimos cartuchos que tenga Madrid para ofrecerme. Después, huir del otoño europeo hacia mi casa, en plena primavera.

Pero de pronto se muere Néstor Kirchner y la basílica de San Francisco se me borronea en el paisaje y los bares de La Latina quedan en silencio. Lo único real es mi notebook, una ventana hacia el otro continente. Yo estoy preso en Madrid y se me permite ver el afuera, que es Buenos Aires, a través de un rectángulo de plasma. Estar acompañado por twitter -una fiesta de fantasmas-, por las radios, por los blogs, por los canales de televisión, pero fundamentalmente solo, rodeado de hinchas del Real Madrid y de votantes del PP que no entienden nada, me obliga a pensar, me obliga a interrogarme acerca de qué es lo que siento, qué es lo que me pasa. Si hubiera estado en Buenos Aires, la marejada me habría arrastrado a la Casa Rosada y me habría contagiado del sentir de todos. Quién te dice, hasta me habría hecho kirchnerista al menos por unos días. Pero estoy acá, encerrado y solo, mirando a Cristina acariciando un cajón, triste y pixelada.

Entonces me pregunto por qué no soy kirchnerista. Y me lo tengo que preguntar porque hoy resulta absurdo no serlo. Es decir: para cualquier persona de izquierda hoy 28 de octubre resulta absurdo no ser kirchnerista. Casi un capricho, un acto de soberbia, un ejercicio de cinismo. ¿Quién soy yo para discutirle a esa multitud? ¿Cuán ridículo resulto si me pongo un bigote imperial y con voz afrancesada invoco a Lázaro Báez y a la burocracia sindical? Y eso que hace una semana esa burocracia se cargó a un pibe, pero igual: ¿qué sentido tiene plantear que Néstor Kirchner, el que está en ese cajón cubierto con pañuelos de las Madres, se vio beneficiado económicamente durante la dictadura?

Hoy no tiene ningún sentido. Hoy todo lo negativo que tiene el kirchnerismo son salvedades, notas al pie, ripios, detalles. Hoy el bosque tapa el árbol. En unos días, cuando se termine el duelo y Cristina retome las riendas del Gobierno, voy a volver a mi sana costumbre de hinchar las pelotas y de molestar a mis amigos kirchneristas diciéndoles las cosas que no quieren escuchar -pero sin el bigote imperial ni la voz afrancesada-. Hoy no me sale, lo digo y suena ridículo, desubicado y caprichoso.

Estoy lejos. Hace casi tres meses que no piso un empedrado porteño. Estuve toda la noche sin dormir, leyendo diarios, blogs, viendo el velatorio en streaming con mis fantasmas amigos de twitter. No soy kirchnerista porque no me sale hacerme el boludo. Pero precisamente porque no me sale hacerme el boludo no puedo negar que Néstor Kirchner, antes de morirse, enderezó la nave -con torpeza y a lo bruto- en la dirección correcta.

We’ll always have Paris

Annabelle Mathis: -I wanna know everything that happened in the last 20 years.

Roger Sterling: -Longer.

Annabelle Mathis: -It wasn’t until years later that I realized that you were the only person I could remember that time with.

Roger Sterling: -What do you wanna remember?

Annabelle Mathis: -What I was like at that age, Paris before the war, eating in cemeteries. People were jumping out of windows and we were on vacation.

Roger Sterling: -I don’t remember much.

Annabelle Mathis: -Are you trying to tell me when you saw Casablanca you didn’t think about me?

Roger Sterling: -You mean Peter Lorre?

Annabelle Mathis: -You seemed so happy to see me and now you’re just being… drunk.

Roger Sterling: -Look, Annabelle. We were not in Casablanca. The only similarity is that you left me for another man.

Annabelle Mathis: -When she gets on the plane at the end?

Roger Sterling: -That woman got on the plane with a man who was going to end World War II, not run her father’s dog food company.

Los vivos

Viernes, 28 de febrero. Borges: “Un rasgo típico de los argentinos es el de admirar a un político porque es vivo, porque dice cosas para engañar a la gente. Están convencidos de que así engaña a los otros, no a ellos. Creen que están en el secreto de ese cuento del tío para los otros. Al admirar al político, al votarlo, demuestran que el cuento del tío estaba dirigido contra ellos y que los engañó”.